Zukerman no da propinas

La crítica cultural de Ágreda.

Cuando sonó el último acorde del Concierto para violín y orquesta n.º 1 de Max Bruch  ejecutado por el violinista Pinchas Zukerman, la compañera de butaca se agarró a la manga de mi chaqueta para saber, ser consciente, de que había aterrizado en el planeta tierra. La música la había llevado a otra parte; eso es precisamente la música, rompe con la realidad y te lleva a otro sitio.

 

¡No quiero que esto se acabe, no! Y empezó a aplaudir con todas sus ganas; ella y toda la Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Pinchas Zukerman salió a recibir los aplausos tres veces. Pero que si quieres arroz Catalina, no hubo forma ”de que soltara la propina”, nos quedamos con las ganas.

 

Cuando un concierto toca la cima no es necesario coronarla a los tres minutos nuevamente. Y el Concierto para violín y orquesta n. º1 de Max Bruch que ejecutó Zukerman resultó generoso de principio a fin. De sus manos brotaba una música llena de voces plácidas que susurraban al oído del  oyente y le permitían ausentarse del mundanal ruido durante 28 minutos exactos, contando los aplausos.

 

Zukerman y la OSCyL dirigida por el delicado Gourlay, permitió a los asistentes habitar una cosmogonía musical llena de sensibilidad y descubrir recursos técnicos preñados de una musicalidad que el mismísimo Ulises no hubiera podido resistir y sabe Dios lo que hubiera pasado…

 

Cuando llegó la Sinfonía n.º 7 de Ludwig Van Beethoven, la OSCyL ya estaba “caliente”. Con el primer movimiento de batuta, Gourlay invito a sus guerreros a lanzarse a tumba abierta sobre el pentagrama y estos,  obedientes,  comenzaron a tocar como poseídos por el espíritu beethoveniano, se soltaron el pelo al aire y el público advirtió rápidamente que escuchaba  una Sinfonía ejecutada superlativamente  que producía  en el patio de butacas una auténtica conmoción.

 

La OSCyL y el público se habían tirado a la piscina simultáneamente, vigilados por el “socorrista” Gourlay. El público no hacia pie, pero no lo importaba. Sabía que estaba poseído por una energía, una vitalidad y una tranquilidad inigualable.

 

Dichosos los llamados al concierto Nº 10 de la OSCyL por haber tenido la oportunidad de  disfrutar de una experiencia lisérgica y descubrir los secretos donde palpita la música. La música, simplemente, hay que disfrutarla. Solo tienes que acércate al CCMD, subirte al trampolín y… ¡zas!

 

CCMD. Sala Sinfónica Jesús López Cobos.  Abono 10. OSCyL. Director: Andrew Gourlay. Violín: Pinchas Zukerman. Programa: Mendelssohn, Bruch y Beethoven.

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