Yo no me llamo Manuel Vicent
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Yo no me llamo Manuel Vicent

Manuel Vicent quería ser escritor. José Antonio Morante de la Puebla, torero. Es evidente que ambos son lo que quieren ser. Uno, no sufre la censura, el otro, sí. A Morante le he visto torear en Madrid, en Sevilla, en Valladolid y en sueños. Al otro, no. Morante de la Puebla torea en la Plaza de Toros de Valladolid, el próximo día 15 de mayo a las 19.00 horas y cuento los días, las horas y los segundos que faltan para que  salte al ruedo y aplaudirle.  Morante, como decía el maestro Antoñete, “me gusta, aunque esté mal”.

 

Morante cuando torea se toma su tiempo. Sabe lo que es la pausa y el temple y el valor. Ahora mismo la máxima figura del toreo en el mundo. Se inspira el maestro de La Puebla en los ballets cubistas de George Balanchine, en el Amor brujo de Falla y en el Guernica de Picasso. Y también en la música cubana de Buena Vista Social Club.  Y también en la soleá de Bernarda y Fernanda de Utrera.  

 

A Manuel Vicent le da todos los años por escribir en su columna –pulpito- del diario El País en contra de la tauromaquia. A mí  me da por escribir una a favor en Tribuna Valladolid. Siempre ha habido clases. Tiene que ser “un curre” escribir todos los años de algo que odias. Ya sabemos que dentro de un Sí hay un pequeño No y viceversa. Y en su lecho de muerte, pidió una muleta y una espada para ponerse delante de un toro…

 

Cuando se despertó, el toro todavía seguía allí. Morante de la Puebla tiene estilo propio y genera una personalidad en la plaza que llena los tendidos. Basta verlo una vez y ya no lo olvidas nunca. Para mi tiene la misma importancia la tauromaquia que la literatura. Todas las artes forman parte de la vida y todas tienen su liturgia.

 

No hay mayor silencio en el mundo que cuando torea Morante de La Puebla. Su torero y su torería son clásicos como el teatro de Shakespeare o los últimos cuartetos de Beethoven. Hay a gente que le gusta y a gente a  quien no. También hay  gente que no le gusta Lou Reed y El Greco.

 

En Francia, por ejemplo, existe una comprensión más amplia con la cultura, con la tauromaquia, allí son los republicanos de izquierda los que están a favor de las corridas de toros. Aquí, en España,  como bien dice Javier Marías nos acercamos peligrosamente a la intolerancia de los tiempos de la dictadura.  Han empezado por los toros y están  pensando en penar las miradas lascivas. ¡Las miradas!  

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