Y 'Decorador' coincidió con un artista...

Talavante y 'Decorador'. Fotos: A. MINGUEZA
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Hubo que esperar al sexto de la anodina tarde, para que Alejandro Talavante firmara una gran faena ante un buen toro de Hermanos García Jiménez llamado Decorador.

Segunda de Feria. Tarde muy agradable y medio aforo en los tendidos. Se lidiaron toros de Hermanos García Jiménez, de escasa presentación, y de desigual juego.

 

Sebastián Castella. Ovación y silencio tras dos avisos.

Miguel Ángel Perera. Ovación y oreja

Alejandro Talavante. Silencio y dos orejas.

Hasta el que hacía sexto en esta segunda de feria, qué quieren que les diga... Nada o muy poco había ocurrido sobre el albero del viejo Coso de Zorrilla. Faltó la emoción y la transmisión que lo es todo, o gran parte, en esto de los toros. El francés Sebastián Castella dio muchos muletazos, demasiados, pero ninguno que quedara en la retina de los aficionados. Por si poco fuera falló estrepitosamente a espadas y el galo pasó con más pena que gloria por el ciclo pucelano.

 

Perera que había estado poderoso y de mano baja, por momentos, en el que hacía segundo, logró arrancar un trofeo al quinto, un burraquito acapachado, de presentación más que vergonzante para una plaza como la de Zorrilla. Encimista y un tanto porfión hizo que la espada, aunque baja, fuera efectiva y el público, por quitarse el sopor, asomó los pañuelos. 

 

Pero llegó el sexto y la tarde cambió. Talavante ni estuvo ni se le esperó en el anovillado tercero, que perdió las manos y no ayudó en ningún momento. Pero como hasta el rabo todo es toro, se abrió la puerta de chiqueros por sexta vez y salió Decorador, un toro de García Jiménez, más encastado y con un punto más de picante que sus chochones hermanos, y aquelló cambio.

 

Decorador se encontró con un artista que, a pesar de lo anodina de la tarde, supo sacar las musas a torear y reunión pinceles, cinceles para realizar una obra que fue de más a menos. Ya avisó Talavante al abrirse en el saludo capotero, rematado con tres chicuelinas de manos muy bajas.

 

El extremeño se lo llevó a los medios. Despacio y por bajo, sobresalió una trincherilla para un monumento. Decorador se comía la muleta del artista, que formaron un buen tándem para una obra efímera. Y cuando Alejandro se la echó a la izquierda, en el tendido 6 surgió un fandango de un espontáneo que se acompasó a los naturales cadenciosos, largos y profundos de un Talavante que tornó su rostro afligido por una media sonrisa.

 

Disfrutaba con su rúbrica el extremeño. Templados, al son de su sedosa tela los muletazos sobre la mano derecha surgían acompasados, dando forma a una obra que tuvo en un cambio de mano otra pintura. No faltó la arrucina, que a este paso pasara a llamarse talavantina… pues apenas hay trasteo donde Alejandro no lo intente. A partir de aquí la obra decreció un punto; pues el artista se detuvo en los detalles y Decorador bajo la intensidad de su colaboración. Aun así, el remate de faena volvió a emocionar y la estocada, tan despacio, como sus naturales, fue una verdadera escultura esta suerte.

 

Los pañuelos de los espectadores que cubrían en medio aforo el escenario donde se concibió la obra permitieron que al palco no le temblara la mano e hiciera que el artista se fuera en volandas y Decorador entre aplausos.