Vivir la vida un rato más

Instantes decisivos de la Fotografía, Colección Julián Castilla que se puede ver en Sala Municipal de Exposiciones de la Pasión se podría definir como una obra documental. También antropológica. Fotografías que nacen de la sorpresa. Si te fijas bien, sale todo: la infancia, el colegio, las películas de Saura…

Las nuevas tecnologías han esclavizado la vida de la gente. Los sonidos del móvil hacen que el presente sea un territorio insípido e insaboro. El personal es avisado continuamente de fichajes, platos de cocina, rebajas, préstamos, citas y del último chiste de Joaquín. Todo en un ¡plaf, plaf! para que nada se escape y por supuesto estés bien informado. La felicidad, como escribe José Andrés Rojo, se alcanza en el instante sublime en que uno se incorpora al flujo permanente de las cosas.

 

Por eso lo que fascina de Instantes decisivos de la Fotografía es que los fotógrafos nunca hablan de ellos. Simplemente realizan el trabajo lo mejor que pueden, esperando que como a ellos les gusta, le guste también a alguien más.

 

Esta exposición sitúa al espectador en el papel del habitante. Habitante de pequeñas y grandes historias que puede ver de nuevo y en algunas ejercer, si quiere, la crítica entre la sociedad actual y el siglo XX, ahora tan lejos como el cometa Halley.

 

Todas las fotografías cuentan una historia. Esta que les voy a contar nos la regala el escritor venezolano Ednodio Quintero (Las Mesitas, Trujillo, 1947). Escuchen: Un funambulista actúa en un pueblo; todo el mundo acude porque saben que, dada la dificultad suicida, el equilibrista caerá tarde o temprano. Un joven va un día, y otro y otro a verlo y nuca pasa nada; hay peligros, sustos, pero nada; una sola vez, una causa muy de fuerza mayor, y no puede acudir; el funambulista cae, efectivamente. Escríbalo usted, pero ha de dejar bien claro que era el que iba cada día quien sostenía al funambulista.

 

La mayoría de los fotógrafos de esta exposición se han dejado llevar. Han llegado al lugar de los hechos en busca de aventura. Y muestran al visitante cosas bellas, momentos irrepetibles, gente interesante y belleza, mucha belleza. La belleza dice Alfredo Sanzol exige valentía. Hacer algo bello, o vivir una vida bella, exige mucho trabajo. Porque la belleza enriquece al ser humano, es una forma de resistencia. La belleza no te lleva un sueldo a casa pero enriquece interiormente y además te aleja de la dictadura del presente. ¿Te parece poco?