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Viaje en la línea 19. Puente Duero-La Cistérniga

Escribió Goethe que la felicidad es la limitación; ser feliz consiste en limitarse. Pero los seres humanos raramente se limitan, quieren tener más. ¿Por qué? ¿Para superar la tristeza, el dolor y envolvernos en lo urgente? ¿O será para evadirnos de nosotros mismos? Decía Josep Pla que las personas equilibradas y razonables nunca tienen prisa.

Subo al Bus Puente Duero- La Cistérniga - en la parada de la Calle Miguel Delibes 19- a las 10:05, me esperan por delante 22 kilómetros para completar el recorrido. Estamos, me dice el conductor, ante la semana más tranquila del año.

 

En la siguiente parada, Pío Baroja 9 sube al Bus una explosión de color en la luminosidad del verano. Pelo en llamas, ojos verdes, labios rosas, chaqueta con todas las flores del paraíso y la pasión juntas y unos pendientes lapislázuli que sujetan unos lóbulos de acero. Se sienta justo delante de mí. A esta hora, el Bus es un lugar igualitario donde se respira tranquilidad.

 

En la Cañada Real suben dos mujeres con carrito de la compra y un joven se levanta y ofrece su asiento. Muchas gracias, joven, muy amable, le responde la señora que ocupa su asiento. Al joven ahora se le ve feliz impulsado por esas gracias que cree inmerecidas y aprovecha el momento para sentirse una buena persona.

 

Como bien escribe Stevenson, el hombre está de servicio en este mundo; no sabe cómo ni por qué, y no necesita saberlo; no sabe a qué precio y no debe preguntarlo. Porque la educación y la cordialidad deben prevalecer sobre cualquier otra norma, son obligaciones incondicionales.

 

La profesionalidad del conductor salta a la vista; lo que se ve no necesita explicación. Cuando el asiento de al lado está vacío, surge inevitablemente la pregunta de qué quien se sentará a tu lado. Mi compañera de viaje va a acompañada. -imagino- por su hermana pequeña y una amiga. La amiga aprovecha para sacar un pintalabios y retocarse los labios.

 

Hay poco tráfico. Enseguida pasamos (10:39) por el Colegio Zambrana, Canterac y el Polígono San Cristóbal. Y salimos de la ciudad. Aparece el Cerro San Cristóbal y las primeras casas de La Cistérniga. Allí me bajo del Bus y me subo en que va de vuelta. En 12 minutos estamos a la puerta del Hospital Pío del Río Hortega. Esto sí que es Democracia. La vuelta ya no es tan interesante y el espacio se acaba; lo dejamos aquí.