"Ver arder el mar cuando el Prestige fue un shock"

Psiconautas, el cómic ideado por Alberto Vázquez y llevado a la pantalla por Pedro Rivero, refleja el mundo real a través de la fantasía y encierra una feroz crítica social plasmada con belleza en un largometraje.


 

Pedro Rivero (izq.) y Alberto Vázquez. J. IGLESIAS

Bajo un trazo tenebrista, 'Psiconautas' presenta un futuro inquietante y angustioso en el que la contaminación hace prácticamente imposible la vida y en el que las drogas han dejado varias generaciones perdidas de muchachos sin opciones. Una sociedad al borde del precipicio de la que los adolescentes sueñan con huir, hacia la gran ciudad, con la promesa de encontrar un lugar mejor.

 

Esta es la propuesta de Alberto Vázquez, quien en 2005 finalizó el cómic que da nombre y forma al largometraje de Pedro Rivera. Un film de animación que ha llegado a la SEMINCI avalado por el éxito en otros fesivales, hasta el punto de estar entre los tres nominados a mejor película europea dentro de su categoría. Una obra intimista que invita a la reflexión, tal como cuentan a TRIBUNA DE VALLADOLID sus autores.

 

Tribuna: ¿Por qué un relato tan amargo de la sociedad?

 

Alberto: Cuando dibujé el cómic era muy joven, seguramente Psiconautas sea la historia más honesta que voy a hacer. Me di cuenta que podía crear mi propio mundo, mirar hacia dentro, y el resultado es una mezcla entre lo que me gusta y lo que me ha ocurrido, todo ello en un contexto de fantasía.

 

T: La conciencia medio ambiental da forma al guión

 

A: Es un tema que se ha tratado sobre todo en Japón, el conflico entre hombre, máquina y naturaleza. La contaminación está ahí, en los mares, las ciudades, las centrales nucleares, los plásticos...

 

Pedro: Es un tema universal desde los años 60 lo que pasa es que no se ha expresado tanto en el cine. Cuando se empieza a hablar del cambio climático, a partir de los 90, se crea una conciencia mayor y se empiezan a plantear los problemas de sostenibilidad.

 

T: ¿Temen que lo que refleja la película sea lo que vivamos en el futuro?

 

Alberto: Esto ya existe. Mira en África las zonas donde buscan el coltán u otros minerales, eso debe ser terrible. Nosotros vivimos en nuestra burbuja de occidente creyéndonos el primer mundo, pero incluso en España estas cosas han ocurrido. En mi caso el hundimiento del Prestige me impactó un montón, estaba en el instituto y recuerdo ver arder el mar. Eso fue un shock.

 

Pedro: Los dos hemos crecido en ciudades con una industrialización un tanto despreocupada. Bilbao era un infierno en los años 80 y enseguida comprendí de lo que hablaba Alberto (natural de La Coruña) porque es un mundo que ya he visto. Generaciones perdidas, yonkis, sin oportunidades de empleo, la bahía contaminada...

 

T: ¿En la película reflejáis viviencias personales?

 

Alberto: Sí, todos los personajes principales tienen paralelismos con gente que he conocido. Es una fábula pero con un punto de crítica social, y es una película algo intimista en algunos momentos.

 

T: También tocáis otros temas polémicos como el buliying, la religión, el tráfico de droga, o las relaciones familiares.

 

Pedro: Tampoco nos propusimos hablar de todo. Es un poco la vida del adolescente, esa incomprensión familiar, vivir en un mundo que no te gusta como es, con problemas con tus compañeros, con tentaciones problemáticas. Están reflejadas todas las viviencias de un adolescente.

 

J. IGLESIAS

 

T: Una de las críticas más feroces va dirigida a la policía.

 

Pedro: Todo ficticio, como bien sabes la policía nunca tiene un comportamiento agresivo, en absoluto. Es cierto que es un retrato un poco malévolo, simplista. Pero viene a contar que en un mundo desestructurado parece que lo único que se sostiene es la religión y el orden. Nuestra crítica tiene que ver con que la sociedad te ofrece abrazaderas que no corresponden con tus emociones.

 

Alberto: Los policías en la película hacen lo que les dicen que tienen que hacer, lo que creen que deben hacer, con unos valores morales un poco extraños. Es lo que hay que hacer y no se lo plantean.

 

T: Las pastillas de la felicidad, que evocan a la novela 'Un mundo feliz' (Aldoux Huxley, 1932), ¿también están presentes en nuestra realidad?

 

Alberto: ¿Cuánta gente toma ansiolíticos? ¿El 40%? Cuando la gente se hace mayor los médicos les recetan ansiolíticos, pastillas de la felicidad para estar plano.

 

Pedro: Nosotros vivimos en un mundo donde siempre intentamos complacer nuestras necesidades, todo está diseñado para que tengamos una existencia como en un mundo feliz. Las pastillas funcionan como esa metáfora.

 

T: Es una película que requiere del espectador mucho esfuerzo para comprenderla.

 

Alberto: Creo que sí, está muy condensado, ocurren muchas cosas, se usan muchas metáforas y tiene un sistema narrativo que exige estar muy concentrado. Pero si te pierdes un poco tampoco pasa nada, te dejas llevar.

 

T: ¿Qué esperan de su paso por Valladolid, dentro de la sección 'Spanish cinema' de la SEMINCI?

 

Alberto: La película te puede gustar o no, pero crea sentimientos, es peculiar. Tiene personalidad para lo bueno y lo malo. Quiero que provoque una reacción emocional.

 

Pedro: Al igual que en otros festivales esperamos que la acogida para cada espectador, de manera personal, sea intensa.

 

T: ¿Se marcan algún objetivo? ¿Los Goya?

 

Alberto: No depende de nosotros. Ahora nos han nominado a mejor película europea, está guay. Y a los Goya queremos estar nominados, a nivel personal nos gusta que nos den cosas pero significaría sobre todo que la película pueda tener más vida, que la vea más gente.

 

Pedro: Queremos sacarla a nivel comercial, no es fácil porque el cine está enfocado a ser de consumo rápido y sin pensar mucho, por lo que con este tipo de películas es complicado tener ese tiempo.

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