Vanguardia y tradición se mezclan en la primera jornada del Concurso Nacional de Pinchos

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La mañana del primer día del certamen deja dieciseis creaciones y una gran afluencia de público

Podríamos comenzar diciendo que el concurso nacional de pinchos se está cociendo a fuego lento, aunque caeríamos en obviedades y recursos periodísticos gastronómicos tan frecuentes cuando a uno le toca escribir de comer. Y realmente uno se da cuenta cuando entra por las puertas de la Cúpula del Milenio de que lo que menos se hace es comer por comer. Todo está milimetrado para que más que comamos, degustemos y esperemos adquirir algún sabor que despierte aquellos sentidos en los que la cocina busca indagar.

 

Y no nos referimos solo al gusto, porque el tacto y el olfato son imprescindibles también en unas jornadas maratonianas de cocina que arrancan hoy martes y que continuarán hasta mañana miércoles, cuando además se decidirá quién es el vencedor de la catorce edición del campeonato de pinchos y tapas que pone a la ciudad de nuevo en el mapa.

 

El Concurso Nacional de Valladolid se ha convertido en una cita imprescindible en el circuito culinario del país y además comienza a abrirse a otros públicos y otras culturas gastronómicas representadas en los tres continentes (Asia, América y Europa) presentes en el certamen paralelo, que también transcurre estos días, y focalizado a la cocina internacional de la tapa.

 

En la mañana del martes, una de bullicio y gran afluencia gracias a otros tantos visitantes de colegios y escuelas de cocina y de extraños que se entremezclan entre cocineros participantes y bajo el resguardo de un día gris y lluvioso, la Cúpula no era más que el epicentro de esa cocina en miniatura que ha puesto a España en el mapa gastronómico.

 

Repartidos en dos turnos de ocho concursantes, salieron a escena dieciséis tapas de dieciséis restaurantes repartidos por toda la geografía nacional. Una combinación de vanguardia y tradición, tamaños de bolsillo o piezas imposibles de tomar en un bocado, crujientes y composiciones imposibles de adornos florales o cetros circulares donde sujetar la tapa. Un universo de originalidad donde “el mar está comenzando a tener mucha relevancia”, según comentan desde la organización.

 

Y es que veneramos a la tapa, esas creaciones que son para la gran mayoría “la mejor cocina en miniatura que se puede consumir en el planeta”, y que recuerdan que se puede degustar en Valladolid. Una tapa y, en general, una cocina que ha traspasado los fogones para entrar en los hogares a través de los televisivos Master Chef en todas sus ediciones para convertirse en un “fenómeno social”.

 

Susi Díaz comentaba rodeada de un jurado compuesto únicamente por mujeres acerca de la reivindicación de la figura del cocinero y del ascenso de su anonimato al estrellato en los últimos años. “Los programas de televisión sobre cocina fomentan la maravilla de cocinar y la convivencia con la familia”. La presidenta del jurado apuntaba a un futuro más saludable, con “niños más sanos que se van a preocupar de comer frutas y verduras y van a perder el miedo a este tipo de alimentos”.

 

Ya lo decía Goyo González, periodista y encargado de conducir y amenizar el caos que a veces resulta al encontrarse entre fogones, público, cámaras, prensa y jurado. El concurso también ha crecido exponencialmente desde que comenzó a rodar. “Antes había solo unos pocos medios locales cuando se comenzó con el certamen y ahora encontramos a la prensa de Valladolid, a la nacional, a la televisión, la radio y los medios internacionales que también cubren el evento”, comentaba el presentador ante la atenta mirada de chefs y público.

 

En el campeonato también encontramos el presente y el futuro de la profesión. Las chicas de la escuela de cocina Alcazarén son las encargadas de transportar las tapas a degustar desde las cocinas hasta las mesas del jurado. Uniformadas y disciplinadas, son el futuro de la cocina. Nos cuentan que están ilusionadas y que ven de la profesión de cocinero una forma de demostrar su validez en un trabajo del que ya se empiezan a ver formar parte.

 

Y aunque este sea el párrafo final, el fervor no acaba aquí. La Cúpula del Milenio no es más que el principal escenario de unas tapas que se reparten por toda la ciudad con restaurantes apadrinados para la ocasión. Más de sesenta restaurantes y bares de Valladolid se encargan de comercializar, hacer degustar a los vallisoletanos de las creaciones del concurso y expandir el epicentro de los pinchos y las tapas, estos días más que nunca parte de nuestra ciudad.

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