Valladolid se vuelve a echar a la calle otro Jueves Santo

Pese a la anulación de procesiones y la constante amenaza de lluvias, la ciudad no se quedó en casa en uno de sus días grandes.

A pesar de la sensación de decepción que se palpaba el ambiente en un ''Jueves Santo para olvidar'' según algunos cofrades, Valladolid mostró una vez más que la Pasión no la puede apagar unas gotas de agua.

 

El Jueves Santo es un día de liturgias, pero no todas enfocadas a lo religioso. Los hay quienes aprovechan para jugar a las chapas en uno de los pocos días del año en el que esta actividad está autorizada, otros para comer torrijas, y algunos para tapear con viejos amigos. También es reseñable la presencia de grupos de turistas extranjeros, algunos de ellos muy jóvenes, lo que da buena muestra del tirón internacional que tiene la Semana Santa de Valladolid.

 

Durante toda la tarde se vieron también enormes colas para entrar a los templos, en especial la de La Antigua. Algunas de esas personas querían cumplir con una tradición, la de la Peregrinación de las Siete Iglesias, que simboliza el acompañamiento de los fieles a Jesús desde la noche en que fue apresado hasta su crucifixión. El rito consiste en visitar a pie siete lugares de culto, aunque a veces se hace más por devoción que por convicción, como afirmaban dos fieles de esta rutina a las puertas de las Angustias.

 

Colas para entrar en la Antigua. EM.

 

Por la noche, cuando ya jarreaba de verdad, fueron los bares los que tomaron el protagonismo ante la definitiva suspensión de todas las procesiones, aunque con menor afluencia de gente que otros años en esta fecha sagrada.