Valladolid se da un cambio de aires y revoluciona su movilidad aprovechando la crisis Covid
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Valladolid se da un cambio de aires y revoluciona su movilidad aprovechando la crisis Covid

Imagen de la Catedral, en pleno centro de Valladolid. JUAN POSTIGO

La ciudad ha realizado grandes variaciones en los últimos años para rebajar drásticamente la contaminación, aceleradas por la actual situación sanitaria del coronavirus

Valiente. “Que es capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita”. La definición de la Real Academia Española no deja dudas para un término que bien podríamos aplicar a Valladolid. ¿Y por qué? Todo cobra sentido si nos referimos a las políticas de la ciudad en materia de medio ambiente, un impulso reciente que ha permitido un vuelco radical en las políticas del Ayuntamiento y que, desde hace años, permite que los ciudadanos puedan respirar un aire más limpio.

 

Hay que remontarse un tiempo atrás. El Consistorio, con nuevo equipo de Gobierno, decidió darse un cambio de aires casi de manera literal. Desde entonces se han llevado a la práctica diferentes proyectos e ideas que han terminado por reducir la contaminación drásticamente en la ciudad. Y como muestra, varios botones.

 

Plan Anti Contaminación pionero en España, que se aprobó en febrero de 2017. La compra de hasta once autobuses 100% eléctricos para renovar la flota de la empresa municipal AUVASA. El incremento de carriles bici por el centro de la ciudad, por diferentes barrios y ampliando hasta otros municipios del extrarradio, con la intención de crear el llamado anillo verde. Una mayor oferta de información para el ciudadano para que sea consciente de la realidad contaminante, gracias a cuestiones como una aplicación móvil gratuita que informa en vivo y en directo de los gases que afectan a la ciudad y sus niveles.

 

De todas estas pequeñas grandes medidas no es casualidad que el llamado Plan Anti Contaminación haya sido nombrada la primera. Y es que supuso una auténtica revolución para Valladolid. Todo es cuestión de echar una rápida mirada al pasado.

 

UNA REVOLUCIÓN INCÓMODA

“Se trata de un Plan que supuso un claro paso hacia adelante, fuimos de los primeros en España en aprobarlo”, explica la concejala de Medio Ambiente y Sostenibilidad, María Sánchez. “Tiene detrás mucho trabajo y elaboración, porque éramos conscientes de que iba a suponer una auténtica revolución para la ciudad”.

 

En esencia, el Plan suponía que el Ayuntamiento de Valladolid, a través de sus cinco estaciones medidoras de contaminación, analizaría y estudiaría al segundo todos los componentes del aire para poder ‘proteger’ a la población cuando alguno de estos gases se disparara de manera que pudiera ser perjudicial. “Pensamos que la salud es lo primero, y por ello tomamos una decisión así”, explica Sánchez. Pero no todo fue de color de rosa.

 

Este Plan Anticontaminación, que llegó a ser comparado con Madrid Central, se dividía en tres niveles de actuación. En el primero, simplemente se daban medidas de información a los ciudadanos para paliar el exceso de gases. En el segundo, se limitaba la velocidad de ciertas vías y se facilitaba el uso de medios alternativos de transporte como el autobús o la bicicleta. Y el tercero, el verdaderamente conflictivo, traía cortes de tráfico puntuales al centro de la ciudad salvo para residentes, vehículos eléctricos y algunas excepciones concretas.

 

El primer caso de este escenario, con una sobredosis de ozono, no tardó en llegar. Apenas cuatro meses después en junio, y en total hubo cuatro en todo 2017. En 2018 fue solo uno, mismo número que en 2019. ¿Pero lo adivinan? Los niveles de ozono, NO2 y partículas, los tres gases más perjudiciales, han caído en picado desde el mencionado febrero de 2017, pese a la enorme controversia que supuso dentro de la ciudad.

 

Lo mismo ocurre para el resto de propuestas medioambientales que ha desarrollado Valladolid desde hace años. Todas suponen un periodo más o menos largo de adaptación, pero al final la lógica y la conciencia terminan por imponerse.

 

“Creo que el balance es positivo, vamos dando pasos en la dirección correcta con los cambios en los que también están sumidos muchas ciudades de España y Europa”, asegura el concejal de Movilidad y Espacio Urbano, Luis Vélez, al ser preguntado por todas estas variaciones llevadas a la práctica.

 

“Seguimos intentando que exista mayor concienciación en el uso racional del vehículo privado y yendo a modos de desplazamiento más sostenibles como son el de a pie o el transporte público, sabiendo que hay que dar posibilidades a los ciudadanos”. Y es que, según remarca el edil, un 50% de los desplazamientos que hacen los vallisoletanos a diario se hacen andando, algo factible gracias a tener una ciudad apenas sin cuestas. Y más. Para el autobús se decidió que desde el pasado 1 de enero de 2020 todo aquel menor de 15 años viajaría gratis en el bus urbano.

 

“Y en cuanto a la bicicleta creo que las cosas que se están haciendo para facilitar su uso y dar mayor facilidad a quienes estén dispuestos a utilizarla van avanzando también. Los últimos carriles que hemos creado son una parte fundamental”, expone Vélez. Esta es una de claves de esta evolución, y es que la reciente pandemia de coronavirus ha acelerado todo.

 

El propio Ministerio de Sanidad contactó con todos los ayuntamientos en puertas del desconfinamiento para hacerles ver la necesidad de dar más espacio al peatón para evitar contagios, para que la ciudad se ‘abriera’ y fuera más fácil respetar la distancia de seguridad. Ni cortos ni perezosos, desde la Concejalía de Movilidad se precipitaron acontecimientos que, en principio, estaban planteados para realizarse durante el resto de la legislatura.

 

Se peatonalizaron prácticamente de un día para otro hasta cinco calles esenciales del centro y carriles que habían sido espacio para el vehículo privado desde hacía décadas pasaron a ser propiedad exclusiva de las bicicletas o los autobuses, en vías tan importantes como Isabel La Católica, una enorme arteria de Valladolid. Hubo quien sin ningún miedo se atrevió a bautizarlo como la ‘revolución post COVID’.

 

“Nosotros estamos convencidos y diría que la ciudad también. En estos momentos todo se ha agravado con la pandemia, pero estamos motivados con la toma de decisiones”, sigue el concejal de Movilidad. “Sea como sea, lo que estamos haciendo nosotros lo hacen grandes ciudades de España y Europa. Se trata de ir siguiendo una misma hoja de ruta”.

 

Incluso una organización que mira absolutamente con lupa todo movimiento del Ayuntamiento como es Ecologistas en Acción ha parecido dar el visto bueno a los últimos avances. “Se trata de medidas que se vienen implantando con éxito en centenares de ciudades europeas desde hace casi medio siglo, incluyendo en España las de Pontevedra o Vitoria, y que pueden situar a Valladolid en la vanguardia de las urbes con mejor calidad del aire y mayor nivel de vida, siempre que se adopten con convicción y explicando que la única manera de limpiar el aire que respiramos es reducir el número de vehículos que circulan por nuestras calles”, asegura Miguel Ángel Ceballos, miembro de la asociación verde en Valladolid.

 

ZONA DE BAJAS EMISIONES

Ahora la vista está puesta en el futuro, que debe ir en la misma línea. El proceso es lento, pero lo importante es que esté en constante movimiento. “La movilidad siempre es tema de debate, muy recurrente porque a la gente le gusta opinar”, esgrime Vélez. “Pero creo que hay mucha receptibilidad en Valladolid. El pensamiento es claro; queremos que no sea siempre necesario coger el coche para todo. Hay alternativas y se trata de cambiar los hábitos para ser todos más respetuosos con el medio ambiente”. Un pensamiento con el que se muestra de acuerdo la concejala de Medio Ambiente, María Sánchez.

 

“Todas estas medidas han sido un mecanismo muy útil pero son necesarias cuestiones más estructurales. No nos podemos quedar ahí, porque la propia ley que se está tramitando en el Congreso de los Diputados de cambio climático obliga a que antes de 2023 se establezcan zonas de bajas emisiones en ciudades de más de 50.000 habitantes”, pone sobre la mesa la edil.

 

¿Pero qué son las zonas de bajas emisiones? En resumen, es un espacio dentro de la ciudad al que solo pueden acceder vehículos no contaminantes, junto a buses, bicicletas, los propios peatones… todo aquello que suponga menos contaminación, claro, tal y como recuerda Sánchez.

 

“No tenemos fechas concretas para una instalación así en Valladolid, se trabaja en ello y entre medias habrá un proceso de consulta ciudadana”, expone. “Pero somos conscientes de que antes de 2023 tendrá que estar implantado. Es oportuno desde el punto de vista de la salud pública, pero también desde la legalidad”. Sin duda el medio ambiente, la movilidad y la salud de las personas no son cosas con las que se pueda jugar. Y esto Valladolid lo tiene claro.

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