Valladolid es Semana Santa: la ciudad de los pasos procesionales

A orillas del Pisuerga se vive una de las Pasiones más conocidas en España. Su imponente conjunto de escultura procesional barroca hace única esta manifestación que transforma Valladolid durante diez días, aunque sus 20 cofradías mantienen actividad todo el año.

Veinte cofradías, una sola Semana Santa

 

Hasta 20 cofradías llevan el peso de la Semana Santa de Valladolid, que se agrupan en torno a una Junta de Cofradías. Se trata de Cofradía Penitencial y Sacramental de la Sagrada Cena (1940);    Cofradía Penitencial de la Oración del Huerto y San Pascual Bailón (1939); Cofradía de Ntro. Padre Jesús Resucitado, María Stma. de la Alegría y las Lágrimas de San Pedro (1960); Hermandad Penitencial de Ntro. Padre Jesús Atado a la Columna (1930); Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros (1944); Cofradía Penitencial de Ntro. Padre Jesús Nazareno (1596); Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura (1943); Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo (1531); Cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz y Ntra. Sra. de los Dolores (1944); Cofradía de las Siete Palabras (1929); Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz (1941); Real y Venerable Cofradía de la Preciosísima Sangre de Ntro. Señor Jesucristo (1929); Cofradía del Discípulo Amado y Jesús de Medinaceli (2011); Cofradía El Descendimiento y Santo Cristo de la Buena Muerte (1939); Cofradía Penitencial de la Santa Vera-Cruz (1498); Muy Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad (1578); Cofradía de la Orden Franciscana Seglar V.O.T. (Finales S.XV); Cofradía del Santo Entierro (1930); Cofradía del Santo Sepulcro y Santísimo Cristo del Consuelo (1945) e Ilustre Cofradía Penitencial de Ntra. Sra. de las Angustias (1536).

Valladolid es Semana Santa. Es de esas cuatro o cinco ciudades de España a las que se relaciona directamente por la calidad de su Semana de Pasión. Y en la ciudad del Pisuerga su Semana Santa es indisoluble a la relevancia del conjunto de imaginería procesional que, cada primavera, hace que las calles se pueblen de tallas que salieron de las gubias de los escultores más grandes, hace cuatro o cinco siglos.

 

Juan de Juni, Gregorio Fernández, Pompeyo Leoni, Juan y Pedro de Ávila, Francisco del Rincón, Alonso de Rozas, Pedro de Sierra… Todos ellos dejaron su impronta en esculturas que parecen cobrar vida y que hacen que la Semana Santa vallisoletana presuma, quizá, del mejor conjunto de escultura policromada barroca y procesional que existe el mundo. Basta observar el realismo, el dramatismo y la devoción que despiertan tallas como las vírgenes de las Angustias Vera Cruz o Piedad, el Nazareno, el Atado a la Columna, el Cristo de la Luz, el de las Mercedes, o el siempre espectacular Descendimiento, una joya que fue pura innovación en su época.

 

La Semana Santa de Valladolid es escultura y es historia. Aunque fue a partir de 1920 cuando –gracias a la labor del entonces obispo Remigio Gandásegui- se recupera el esplendor de las procesiones, la Pasión vallisoletana encierra una tradición de varias centurias. En el siglo XV surgieron las primeras procesiones y nacieron cofradías –hoy históricas- como la de Vera Cruz, Angustias, Piedad, Sagrada Pasión y Jesús Nazareno; y ya en el XVII comienza su boato escultórico.

 

Tras un importante bache -que se prolongó durante el siglo XVIII y buena parte del XIX, atemperado por la celebración de algunos actos de las penitenciales e incluso con un embrión de lo que hoy supone la Procesión General del Viernes Santo-, la Semana Santa de Valladolid debe su prestigio (con permiso de los imagineros) al citado Gandásegui que, junto al historiador Juan Agapito y Revilla y el entonces director del Museo Provincial de Bellas Artes (hoy Museo Nacional de Escultura) Francisco de Cossío, recuperaron a partir de 1920 muchos de los desfiles procesionales y sirvieron de acicate a las cofradías que habían sobrevivido e impulsaron la creación de otras.

 

Se fraguó además una de las joyas de las que presume Pucela: la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor en la tarde-noche del Viernes Santo, en la que desfilan hasta 33 pasos, que convierten en realidad ese manido dicho de un auténtico museo de escultura policromada al aire libre.

 

En los albores del siglo XXI, la Semana Santa de Valladolid es el acontecimiento cultural, turístico y, por supuesto, religioso más importante del año. Miles de personas abarrotan plazas, calles y templos para vivir en primera persona los ordenados y recogidos desfiles penitenciales que durante diez días hacen que en la ciudad se respire un ambiente muy diferente al del resto del año.

 

Las cofradías viven la Pasión durante buena parte del año, con actos culturales, caritativos y litúrgicos, pero es tras la Navidad y especialmente con la llegada de la Cuaresma cuando la actividad se intensifica. Se suceden ensayos de andas, quinarios, triduos, besapiés, cabildos, conciertos, exposiciones, pregones, misas, conferencias, glosas… Valladolid rezuma espiritualidad en vísperas de diez días santos, grandes, muy grandes.

 

Sería pretencioso en estas líneas cantar y contar todo lo que sucede durante los días de Pasión en Valladolid. En cualquier iglesia, en cada una de las procesiones, en todas las cofradías… se pueden vivir momentos únicos; a veces multitudinarios; otros mucho más recogidos y fervorosos. El silencio se apodera de los desfiles, la emoción se puede palpar al paso de cualquiera de esas tallas a las que solo les falta hablar. Emotivos son los prolegómenos de las bajadas desde sus altares de dos tallas señeras: la de Jesús Nazareno y la de la Virgen de las Angustias, o la devoción que suscita el besapié a la Virgen de la Vera Cruz, todo ello en un Viernes de Dolores donde se abre el telón de las primeras procesiones.

 

El Sábado de Pasión es imprescindible perderse por la vieja judería vallisoletana, especialmente a la altura de la calle de Santo Domingo de Guzmán, para contemplar la solemnidad del Santo Cristo de las Cinco Llagas. El Domingo de Ramos, los niños de todas las cofradías acompañarán el paso de papelón -uno de los más antiguos de la Semana Santa- de La Borriquilla. Alegre y jubiloso será el momento en el que los pequeños cofrades agitarán sus palmas frente a la iglesia de la Vera Cruz, donde finalizará el cortejo con la bendición del cardenal de Valladolid.

 

 

El Lunes Santo en la ciudad vallisoletana es sinónimo de Gregorio Fernández. El genial escultor gallego dejó en Valladolid algunas de las tallas procesionales más conocidas y muchas de ellas desfilan este día en la procesión del Rosario del Dolor: El señor atado a la Columna, Ecce Homo, Camino del Calvario o Nuestra Señora de la Santa Vera Cruz, todo un impresionante  espectáculo que recorre una de las calles más bellas de España: la de Platerías.

 

Y si la cita del Lunes es con Gregorio Fernández, el Martes Santo será con Juan de Juni. El imaginero francés esculpió una de las tallas más imponentes y con mayor devoción en la Semana Santa: la Virgen de las Angustias, titular de la cofradía del mismo nombre. Es en su procesión del Martes Santo cuando se vive uno de los momentos más concurridos y sobrecogedores de toda la Semana Santa: el encuentro de esta Virgen Dolorosa con Cristo Camino del Calvario, ambos pasos mecidos en hombros, frente a la plateresca fachada del Palacio de Santa Cruz.

 

Avanzan los días, y las emociones se intensifican en la Pasión de Valladolid. Las mañanas son buen momento para visitar las iglesias, donde los pasos ya están preparados para sus desfiles penitenciales. El ambiente mezcla lo festivo de las fechas, la inquietud de los cofrades, los nervios de los preparativos, la expectación de los visitantes y la solemnidad que inspiran las tallas que horas más tarde lucirán en las calles.

 

El Miércoles Santo tres citas son ineludibles: el Vía Crucis del Nazareno, que este año celebra su primer centenario, el Cristo de las Mercedes y su cuidada salida de la iglesia de Santiago y la procesión de la Piedad, desde San Martín. La Semana Santa de Valladolid en toda su plenitud. En la mañana de Jueves Santo el Cristo de la Luz, el crucificado de Gregorio Fernández, volverá a asombrar tras su salida del Palacio de Santa Cruz. La tarde-noche será una amalgama de procesiones y desde primera hora hasta bien entrada la madrugada, el visitante podrá perderse por calles y templos para ver todo tipo de desfiles y actos penitenciales. La Sagrada Cena, el Cristo del Perdón, El Atado a la Columna, Vera Cruz, Cristo Yacente, Descendimiento o Angustias son algunos de los pasos destacados que harán presencia en la calle.

 

Amanece el Viernes Santo a orillas del Pisuerga. Un grupo de caballeros de la Cofradía de las Siete Palabras pregonan el acontecimiento que horas más tarde abarrotará la Plaza Mayor: el sermón de las Siete Palabras, ante los siete magníficos conjuntos escultóricos que escenifican las postreras palabras que Cristo pronunció sobre la cruz. El culmen de la Semana Santa llegará en la tarde del Viernes Santo con la Procesión General: una magnífica representación de la Pasión de Cristo a través de 33 conjuntos escultóricos que provoca la admiración y el reconocimiento de los miles de visitantes, que hacen que Valladolid viva uno de sus momentos más importantes de todo el año.

 

El Sábado Santo, con algunos actos destacados y la procesión del Santo Entierro, servirá de transición al Domingo de Resurrección, donde el Encuentro en la Plaza Mayor entre la Virgen de la Alegría y Cristo Resucitado pondrá punto y final a diez intensos días de Pasión. Es la Semana Santa de Valladolid. Es Valladolid, una ciudad de Semana Santa. No se la pierdan.