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Valladolid, ciudad playera

Imágenes de infovalladolid.es

En 1951, con José González Regueral como alcalde de la ciudad, nació la que se conoce actualmente como 'Playa de las Moreras'. 

El Pisuerga siempre ha sido un lugar de reunión para miles de vallisoletanos, que vieron en él, un lugar de ocio en el que poder disfrutar con los niños y demás familiares. Con el puente Mayor y el de Poniente como testigos, esta zona del rio ha albergado cientos de eventos y ha aglutinado a miles de personas.

 

Fue a partir del siglo XIX cuando comenzó a usarse el caudal del rio para diferentes competiciones deportivas e incluso se llegaron a instalar casetas de baños tanto para hombres, como para mujeres, que no tuvieron éxito en este primer intento.

 

Pocos años más tarde, en 1935, vieron la luz las Piscinas Samoa. Estás instalaciones se levantaron en la antigua zona del Espolón Nuevo. La nueva zona de ocio vallisoletana estuvo afincada aquí hasta el año 1998, que se vio en la obligación de cerrar sus puertas, debido a que las crecidas del Pisuerga en la época de primavera deterioraron muy severamente las piscinas.

 

José González Regueral, alcalde de Valladolid entre el 1949 y 1957, presentó en su primer año como regidor de la ciudad el proyecto de ‘La Playa de las Moreras’. Esto se debía a que muchas personas no podían desplazarse hasta tierras cántabras para poder disfrutar del baño en la playa.

 

El Servicio Provincial de Salud desestimó la idea hasta que los colectores de alcantarillado y el general desembocasen más alejados de la ciudad. Dos años hicieron falta para que finalmente la nueva playa se crease y fuese bautizada en un primer momento como playa del ‘Batán’.

 

En el inicio, se dotó de hasta 12 cabinas, aseos y botiquín. Además, la arena estaba formada por tierra y cantos, un tormento para muchos de los bañistas.

 

En 1953 y ante el rotundo éxito que produjo la playa, fue necesario llevarse a cabo la primera de las ampliaciones. En esta primera remodelación, se mejoraron notablemente las instalaciones e incluso se abrió una terraza donde servían bebidas y comida. También había un servicio de alquiler de objetos.

 

En la siguiente, dos años más tarde, se mejoraron las casetas y el Ayuntamiento prohibía el uso de bañadores inmorales para la época. Además, se comenzaron a utilizar las primeras barcas de madera y las metálicas a pedales, que fueron denominadas como ‘kometas’.

 

Ya la última ampliación, que trajo consigo las actuales canchas deportivas en sustitución de las piscinas de Samoa, ha establecido el terreno arenoso en 200 metros de largo y cincuenta de ancho.

 

Con todo ello, actualmente la playa cuenta con socorrista durante la época oficial de baño, aparcamiento, chiringuito, duchas, acceso para minusválidos y un servicio que remueve la arena que se trae desde Portillo más de 1.500 toneladas cada año para disminuir los efectos de las riadas.

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