Unos 150 ciclistas homenajean en Valladolid a Jesús Negro en el aniversario de su fallecimiento en la carretera

Los ciclistas, en el homenaje. E.P.

Fue arrollado por un camión cuando circulaba con su bicicleta por la VA-30 con su compañero y amigo Aitor Martínez Herrero.

Cerca de 150 ciclistas ha rendido un cálido homenaje en Valladolid a Jesús Negro de Paz, fallecido hoy hace un año al ser arrollado por un camión cuando circulaba con su bicicleta por la VA-30 con su compañero y amigo Aitor Martínez Herrero.

 

La comitiva ha partido del Camino Viejo de Simancas sobre las 08:30 de la mañana y ha llegado a Urueña, localidad natal del fallecido, sobre las 12:00 horas. Allí sus amigos del 'Sofokom' y el resto de la comitiva ha depositado un ramo de flores en el monolito que se inauguró el pasado año en su honor.

 

El recorrido, por las carreteras por donde él transitaba con frecuencia, se ha ido por encima de los 200 kilómetros, una "tirada larga" como las que este aficionado al ciclismo solía completar en sus salidas.

 

En el homenaje también ha participado Aitor Martínez Herrero. Para él ha sido una mañana de sensaciones "contrapuestas". "Ha sido bonito, pero también muy duro", ha reconocido poco después de concluir el trayecto.

 

Martínez Herrero no se ha subido en la bici. "En una de carretera no lo volveré a hacer, no quiero causar más sufrimiento a familia y amigos", insiste el vallisoletano que no ha abandonado una idea que comenzó a forjar en el hospital donde pasó cerca de tres semanas recuperándose de las brutales heridas que le ocasionó el accidente.

 

"Estoy mucho mejor, cada vez las secuelas físicas son menores", ha reconocido Aitor Martínez, que cambia el tono cuando se le pregunta por aquellas que no sangran. "La cabeza sigue dando muchas vueltas, con días muy buenos y otros muy malos donde siento el inmenso vacío que me ha dejado Jesús", ha puntualizado.

 

Precisamente, en esos días, se refugia en los "suyos". "Desde que pasó todo he sentido el apoyo de mi familia, mis amigos. Estoy muy arropado por todos ellos y me siento afortunado, pero siempre me faltará él", puntualiza.

 

Un año después todo ha vuelto a su cabeza, aunque, como él mismo asegura, esas imágenes ni se han ido, "ni se irán". "Él se llevó la peor parte, me protegió del golpe y por eso hoy lo puedo contar", reflexiona Aitor Martínez.

 

"NADA HA CAMBIADO"

 

Pero lo peor de todo es que, a su juicio, "nada ha cambiado". "Siempre pongo el mismo ejemplo y creo que el ciclista es como el hombre que se enfrenta, solo y sin armas en la selva a un león. O tiene suerte, o está sentenciado", puntualiza para lamentar que las penas sigan siendo "leves". "No se castiga como se merece la muerte de un ciclista, sale demasiado barato matarlo", zanja.

 

En su caso, todavía resta, al menos un año, para que se celebre la vista oral del juicio. Su recuperación y el hecho de que el conductor implicado en el accidente sea extranjero ha ralentizado el proceso. "Por lo que nos ha dicho el abogado, hasta finales de año, como pronto, no se celebrará", señala para advertir que las investigaciones han confirmado la causa del accidente.

 

"El camionero se despistó mientras mandaba un whatsapp, invadió la cuneta y nos llevó por delante", recalca Aitor Martínez que vuelve a denunciar que lo que más le dolió fue que se diera a la fuga aludiendo a que no se "había enterado".

 

Este policía municipal se refugia también en su bicicleta de montaña, en los caminos aislado de coches y camiones, dando pedales. En esos momentos vuelven a ser "dos". "Renunciar a la bici sabía que era imposible y con la de montaña vuelvo a recuperar esas sensaciones que me hizo amar tanto este deporte. Dando pedales me acerca más a Jesús, vienen imágenes de nuestras salidas juntos y me libera", concluye Aitor Martínez.