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Una pasión involuntaria

Todo en Fedra está muy bien estudiado. Gestos, luces, pausas, gritos, palabras,  todo se hace a favor del texto. Todos los intérpretes saben lo que hacen. No hay  nada improvisado. Aunque al espectador le parezca que sí. Ese es el misterio. ¡Sí, pero no!

 

La mayoría de los intérpretes sienten miedo e inseguridad antes del salir al escenario. Saben, que en la sencillez de las cosas está la belleza que diría Walter en “El gran Lesbowski”. La sencillez reside en contar lo que te piden, ni más ni menos. En saber lo que le pasa a un personaje por dentro independientemente si te tienes que poner de cara o de frente.

 

El recital interpretativo de Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sáinz produce la catarsis en el público que llena por tercer día el Teatro Calderón.  Los intérpretes buscan  la purificación  a través del aprendizaje que van adquiriendo durante la función y tiene que ser capaces después de transmitirla al patio de butacas y compartirlo con el respetable. Es una especie de terapia con un objetivo fundamental: conmover al espectador.

 

Y claro que conmueven al espectador. La cosa es muy simple, se les  gusta el teatro, no se pierdan Fedra. El montaje soporta todo lo que quiere mostrar y genera sensaciones  contradictorias: alegran, entristecen, sorprenden…

 

Lolita Flores interpreta a una Fedra mezcla de coraje y energía desmañada que resulta creíble como reina, esposa y madre. ¡Casi ná! Se sale del estereotipo para hacerse terrenal  y traza estupendamente los cambios de humor con un gestualidad comedida y con personalidad que la sitúa en el olimpo de la interpretación.  ¡Ave, Lolita Flores!

 

Juan Fernández (Teseo) es un actor hondo, con el guiño oportuno para dar verosimilitud al su personaje, exhala autoridad  y su voz y gesticulación produce en las primeras filas “escalofríos”. Está perfecto en su rol. 

 

Críspulo Cabezas (Hipólito)  es un actor que está llamado a cotas muy altas. Brilla en tono y movimientos. Mantiene la tensión y el ritmo  y al paso que va, se convertirá en un actor clásico. Tiene una cosa importante,  es muy cercano al espectador, sabe tocarle la fibra.

 

Eneko Sagardoy (Acamante) expresa muy bien lo que le encomienda el texto. Dota a su personaje de una humanidad realista y creíble. Dibuja  a su personaje del matiz necesario,  tiene equilibrio y fuerza interpretativa ¿Para qué quiere más?

 

Y Tina Sáinz. Una actriz que tiene  dos cosas imprescindibles: técnica y alma. ¡Chapó!

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