Una línea sobre el cielo
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Una línea sobre el cielo

Durante los cuarenta minutos que dura la Sinfonía nº 3 de Thomas Larcher (1963) estuve pensando en que fuentes ha bebido el compositor, quienes son sus maestros. ¿Esta música hecha hace un cuarto de hora,  que dice, que expresa, a donde lleva al espectador, que tiene dentro?  Y por momentos todo me sonaba a Wagner. El dichoso Wagner que sigue y seguirá ejerciendo su influencia en la música, en el teatro y hasta en la forma de vestir, ¡qué tío!

 

Dirige a la OSCyL, este lunes y este martes, Andrew Gourlay. El concierto promete. Gourlay es una inteligencia conectado a una batuta. Ha nacido para dirigir. Y dirige sin trampas ni sentimentalismos. Una de las cosas que más me gusta de este director es que sabe prolongar los silencios a costa de realizar  un esfuerzo sobre humano por sujetar a ese parte del público precoz, que le puede sonar el móvil en el momento menos pensado o se pone a aplaudir cuando el director no ha bajado los brazos solo por llamar la atención. Ya los tengo fichados y  pasaré  sus nombres al correspondiente comité de expertos  para que les llame la atención y en su caso les expulse, si procede.

 

Y llegó la mezzosoprano Katarina Karnéus sobrada de recursos técnicos y de “fiato”  para cantar Wesendonck Lieder de Richard Wagner y nos obsequió con todo un arsenal de tonos  tímbricos electrizantes que la OSCyL dirigida magistralmente por Gourlay supo mejorar, si cabe, concentrándose en los pequeños detalles que obligaron al respetable a  agudizar el oído y comprobar la calidad de los sonotones.  Katarina aportó su toque personal y puso la Sala Sinfónica Jesús Lopez Cobos a una temperatura ideal para poder disfrutar “a lo salvaje” de todo lo  que se estaba escuchando allí.

 

Y luego paso lo que tenía que pasar que llegó  El caballero de la rosa: Suite de Richard Strauss y nos dio en “el palo del gusto”. Y allí ya Gourlay se puso a repartir juego, como lo hace Luka  Modric  en el Real  Madrid y aquello se convirtió en una celebración. Una celebración de la música, una cosa milagrosa en estos tiempos de griterío. Vamos a disfrutar juntos, dijo la OSCyL y Gourlay y eso hicimos.

 

La construcción de un sonido tiene que ver con la expresión. Si una  orquesta,  un director,   una mezzosoprano y el público están en la misma honda la música se convierte en una expresión de humanidad, de solidaridad de formar una comunidad donde todo por suerte es inclusivo, aquí nadie sobra.      

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