Una gran exposición recorre el universo íntimo y enigmático del fotógrafo Luis González Palma en San Benito

La retrospectiva Luis González Palma. Constelaciones de lo intangible presenta una reflexión profunda sobre la mirada que interroga la historia y la condición humana

Esta mañana ha sido presentada en la sala de exposición de San Benito la muestra ‘Luis González Palma. Constelaciones de lo intangible’, en un acto que ha contado con la asistencia de la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo; la directora de Colecciones y Exposición de la Fundación Telefónica, Laura Fernández Orgaz; y el fotógrafo Luis González Palma.

 

La retrospectiva Luis González Palma. Constelaciones de lo intangible, del fotógrafo guatemalteco, nos adentra en un universo misterioso y complejo en el que la mirada como enigma irresoluble constituye una fuente inagotable de investigación. La muestra, obras que van de 1988 a 2015, es también un ejemplo de la incesante experimentación formal llevada a cabo por el artista, que evoluciona de la fotografía bidimensional a la instalación fotográfica.

 

Un recorrido de más de veinticinco años por unas imágenes que en palabras del mismo González Palma son “un intento de darle cuerpo a los fantasmas que gobiernan las relaciones personales, las jerarquías religiosas, la política y la vida”. En definitiva, aquello intangible que gobierna nuestras vidas. La exposición, que podrá verse en la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito, entre el 5 de mayo al 18 de junio de 2017, ha sido comisariada por Alejandro Castellote.

 

El universo de Luis González Palma está formado por constelaciones temáticas que orbitan alrededor de su obra en un ciclo de permanente ida y retorno. La identidad y la memoria, la introspección, la intimidad, la reflexión sobre el poder y la representación de lo no visible son algunos de los grandes temas que sobrevuelan su obra buscando “representar el espacio utópico de lo irrepresentable”

 

En su primera etapa, que se desarrolla a finales de los años 80, el artista genera una propuesta que tiene como objetivo entender la diversidad étnica y cultural latente en su país, con constantes menciones a su historia, a los documentos generados por el poder colonial y a la memoria colectiva. Obras como Lotería I y Lotería II o La Mirada Crítica entre otras, se surten de numerosas referencias visuales e iconográficas configurando niveles de lectura e interpretación ambiguos y extremadamente sutiles.

 

La inclusión de retratos de sujetos guatemaltecos con objetos que remiten al imaginario popular o los elementos con ecos etnográficos y las referencias alusivas a la cristianización y a la dominación cultural configuran solo una parte del significado.

 

A través del rostro y la mirada, Palma explora con igual eficacia aspectos inmateriales como el trauma, la pérdida, el dolor o el silencio, todos ellos sentimientos derivados de la violencia vivida en Guatemala durante más de cinco siglos. Según las palabras del artista “en mi proceso artístico he intentado crear imágenes que invitan a ser examinadas a través de lo que yo llamo ‘contemplación emocional’, dándole a través de la belleza de las mismas el sentido de su forma. A través de los años he construido escenarios y modificado ciertos rostros para crear imágenes que permiten otras percepciones del mundo, otras formas de comprenderlo, y de modificarlo internamente”.

 

Pocos creadores basados en la fotografía han llevado tan lejos las posibilidades y los límites del soporte fotográfico incorporando a su obra elementos de la pintura, la escritura o la escultura. Ya en esta primera etapa las copias teñidas mediante la aplicación de betún de Judea -eco de aquellas iglesias barrocas que el artista visitó siendo niño y que fueron sus primeros museos- anticipa la inquietud del artista por experimentar con distintos materiales del mismo modo que ocurre en otras formas de arte. Será ésta característica otra de las constantes de su trabajo, que le llevará a experimentar más adelante con elementos como el fieltro, la pintura acrílica o el papel de arroz.

 

A partir de los años noventa, la obra de Luis González Palma “transita por un camino que lo lleva de lo popular a lo íntimo. Su obra comienza a concentrarse en la exploración de la memoria y las obsesiones personales”. Se trata de lo que podríamos identificar como una segunda etapa, en la que el trabajo derivado del contexto sociopolítico es abandonado progresivamente dando paso a una reflexión mucho más introspectiva y personal.

 

En sus obras de 2002 a 2012, asuntos como la intimidad, la incomunicación, la frustración de la pasión amorosa, la angustia y el deseo insatisfecho inundan su trabajo. En este momento muchas de sus obras dejan de lado el retrato para centrarse en espacios y objetos que sugieren y evocan metáforas del mundo emocional del artista: sillas en las que no se puede descansar, objetos que dan la sensación de amenaza, presencias ausentes o escenarios desolados. En su mayoría, imágenes ancladas en espacios irreales y fantásticos con ciertos ecos surrealistas y un marcado aspecto teatral.

 

A lo largo de su trayectoria artística, Luis González Palma se ha servido de procedimientos históricos de la fotografía y la pintura para cuestionar los modelos de representación pero su experimentación más radical la ha llevado a cabo en los últimos años. En su última etapa, experimenta con la abstracción interviniendo fotografías antiguas y nuevas a través del uso de figuras geométricas y de color que recuerdan al concretismo y neoconcretismo brasileño. A propósito de esta práctica, comenta González Palma: “El negativo fotográfico es materia de deseo y, por tanto, no es inmóvil ni resistente, está disponible para potenciales metamorfosis. He vuelto a retomar negativos que hice en el pasado desde esta perspectiva, todavía tienen algo que dar a pensar”.

 

Con la superposición de formas abstractas sobre imágenes figurativas, el artista vuelve a abordar el análisis de la mirada. La mirada que escapa a la representación del artista pero también la mirada incapaz de abarcar la realidad como un todo cerrado y completo. Esto último encuentra su máxima expresión en el formato de las catóptricas, fotografías proyectadas sobre cilindros o dispositivos ópticos que reconfiguran la imagen posada en horizontal. Similar a las anamorfosis renacentistas, las catóptricas difieren de ellas en que nunca se llega a formar una imagen perfecta. Por más que el espectador trate de buscar el punto de vista perfecto, la imagen permanece siempre fragmentada, parcial e incompleta.