Un recuerdo al futuro
Cyl dots mini

Un recuerdo al futuro

Vadim Gluzman es un violinista capaz  de desplegar sus alas por la Sala Sinfónica Jesús López Cobos sin descomponer su figura: brazos inmensos de jugador de baloncesto, gesto impertérrito y firme. Esta noche  nos está ofreciendo  un Concierto para violín y orquesta  de  Beethoven convincente, fresco y brillante.  Escucharle y verle se ha convertido en un placer. El placer, una vez que lo sientes, hay que atraparlo al vuelo en cuanto sopla a nuestro lado.

 

La belleza de la música de Beethoven es revolucionaria, ilumina el mundo y la vida. En estos tiempos en que hablar de la belleza está tan denostado, como si lo bello fuera un pecado, una peste o algo pasado de moda, me resisto y voto en contra.

 

El poder de Rubén Gimeno, el director que dirige esta noche la OSCyL reside en sus gestos, no necesita de adornos para llegar al corazón del público. La música ya se encarga ella sola de deslumbrar y de llegar a los oídos del público de manera directa. Lo único que está haciendo esta noche es acudir en ayuda de los músicos por si en algún momento es necesaria su ayuda, porque para eso está el director. Un director tiene que mantener la distancia reglamentaria para que la emoción y la técnica estén equilibradas.

 

Escribe Ian Bostridge en su libro “Viaje de invierno” de Schubert. Anatomía de una obsesión. Editorial Acantilado que Schubert escribía música alegre cuando estaba triste y música triste cuando estaba alegre. Para entender su música, para comprenderle es necesario conocer sus emociones, limitaciones, amores, etc., etc., etc. Por eso escuchando esta noche en la  Sala Sinfónica Jesús López su Sinfonía nº 5 eres consciente de “tener una conversación con él”  y eso hace que cada oyente se sienta un ser singular, libre y único.

 

Llega hasta el patio de butacas su música cargada de irónica amargura que no tiene ni un ápice de cinismo y a que a estas horas de la tarde infunde vida y esperanza incluso en estos tiempos de incertidumbre. En esta época terrible  el deseo de escuchar a Schubert es apremiante, su música significa  la voluntad de resistir. La voluntad de vivir.  Su música es un conmovedor testimonio inconformista  de nuestro paso por la tierra. Y tiene la gran virtud, la virtud que solo tienen las grandes obras de que sea milagrosamente ella misma y que atraviese las estaciones, el latido de la vida o como diría el poeta “la entrevista ocultación del ser”.