Un placer inteligente

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) está formada por un numeroso grupo de personas diferentes, singulares e independientes, todas ellas con ideas propias y visiones del mundo diferentes. Esta iconoclasta diversidad lleva consigo, es imprescindible, un marco común (una constitución)  donde todos lo que la forman se sientan partícipes, se sientan incluidos más allá de lo que piense cada uno. El marco de regencia tiene que ser el director que es el encargado de afinar las pluralidades y desavenencias para conseguir el objetivo deseado: la armonía social y musical.

 

El marco por donde ve y escucha el público a la OSCyL se llama Andrew Gourlay director de la misma desde el año 2016, aunque ya estuvo como director invitado desde el 2014. Para dirigir una orquesta hay que pasar mucho tiempo compartiendo, hablando, ensayando, probando… Y tiene que existir, es la base, una buena comunicación. Viendo a Gourlay la otra noche dirigiendo a Sibelius en el Abono 8 de la temporada te das cuenta de que está dando todo. ¡Todo!

 

Se pudo comprobar a la salida del concierto donde le público asistente salía con una sonrisa oceánica de satisfacción, los pulmones ventilados y la saturación de oxígeno en sangre a niveles excelentes. Habíamos disfrutado de un concierto riguroso, como si hubiéramos estado en una exposición de Picasso y escuchado sus colores gracias al talento y la intuición de Andrew Gourlay.

 

Tiene un modo de decir el director jamaicano que procede del silencio. Cuando termina el concierto de Sibelius se produce un silencio en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos que pone a todos de acuerdo. Un silencio prolongado, inteligente, único que llega al patio de butacas convirtiéndose en vitamínico, en sosiego y calma que enfrenta al público consigo mismo y su destino, o para decirlo con palabras de San Juan de la Cruz, asoma al respetable a la puerta de entrada de la sabiduría.

 

Luciano Pavarotti en su biografía dice que el gran poder de la música es provocar emociones, pero que de alguna manera estas emociones se tienen que encontrar en el público. Esta noche escuchando la Sinfonía nº 5 de Sibelius te das cuenta que el que provoca estas emociones y el que hace de catalizador para que se materialicen las emociones es Andrew Gourlay

 

Le preguntaron una vez a la galerista Soledad Lorenzo que cómo seleccionaba a sus artistas. R. Pues como a los novios: química, intuición y amor a primera vista. ¿Cómo a seleccionar la Consejería de Cultura y Turismo al nuevo director de la OSCyL?  ¿Por qué no se queda Andrew Gourlay? Estaremos atentos a nuestros receptores.