Un negacionista pide al alcalde la retirada de las mascarillas obligatorias en Valladolid con una carta
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Un negacionista pide al alcalde la retirada de las mascarillas obligatorias en Valladolid con una carta

La calle Santiago de Valladolid. JUAN POSTIGO

Tobias Schmidt, profesor alemán de 46 años residente en Arroyo, explica en su escrito a Óscar Puente que “morirá más gente por las medidas” que por el coronavirus

Tobias Schmidt, alemán, de 46 años. Profesor titulado en las asignaturas de historia, alemán y ética. Residente en Arroyo de la Encomienda. Y para más señas, negacionista del coronavirus y de la pandemia. Una creencia que le ha llevado a escribir una carta al alcalde de Valladolid, Óscar Puente, para hacerle ver ciertas reivindicaciones.

 

“Estas medidas, que actualmente se imponen una vez más como una limitación a la población de Castilla y León, son inhumanas y discriminatorias”, arranca Schmidt tras una rápida presentación personal en un escrito de cuatro páginas. “La idea de las mascarillas obligatorias y todas las demás medidas estaban originalmente destinadas a proteger a las personas mayores y enfermas de una posible infección de los virus corona. Está médicamente probado que siempre ha habido virus corona en cada oleada de infección, cada tos, cada resfriado, cada gripe con virus corona. Nunca existió este virus mortal COVID-19”. O lo que es lo mismo, que existe virus corona pero que este no deriva en el COVID que se nos ha vendido en todo el mundo.

 

Este es precisamente el pensamiento de los negacionistas, acusando de alarmismo todo el clima generado durante estos meses. De hecho el profesor alemán invita a Puente a “comparar” las muertes de este 2020. “Si mira la tasa de mortalidad en España el año pasado, probablemente verá que no hay exceso”, incide.

 

“En siete meses más de 28.000 personas han muerto en España con una prueba PCR positiva. Pero esto no significa que la gente muriera por culpa de COVID-19, sino que murieron con una prueba positiva”. O dicho de otra forma, el profesor defiende que no tuvo que ser el coronavirus quien los matara directamente a pesar de que lo tuvieran.

 

“La prueba sólo indica que uno es portador del virus, pero no significa que haya suficientes virus en los humanos para causar la infección. También se sabe que las personas que fueron atropelladas por automóviles o murieron de ataques cardíacos fueron declaradas como pacientes de COVID-19, porque entonces los hospitales recibían más dinero por estos pacientes”, apunta, en realidad sin ningún tipo de prueba acreditada en el escrito dirigido al alcalde de Valladolid.

 

FUERA MASCARILLAS

Pero en definitiva, ¿qué pide Schmidt? Sencillo. La retirada de las mascarillas obligatorias para que sea la propia población la que decida si llevarla o no, pese a que no se trate de una decisión que dependa del Ayuntamiento. Y lo ilustra con una historia personal. “Hoy en Valladolid vi a varios ancianos con mascarillas. Me resultó particularmente malo ver cómo una pareja de ancianos, probablemente de unos 80 años, cojeando con espaldas curvas, (…), era empujada a lo largo de la calle en una silla de ruedas. (…). ¡Eso es inhumano! ¡¡Que esta gente use mascarillas!! También vi a un joven discapacitado en una silla de ruedas, solo, también con una mascarilla. (…) Esta vez me di la vuelta y le pregunté si estaba bien, porque parecía muy exhausto”.

 

En resumen el alemán defiende que el uso de mascarillas hace más mal que bien a la población, ya que uno puede contagiarse igual con ellas que sin ellas. “Enmascarar no tiene sentido. Eso es lo que dice la OMS. También hay pruebas científicas de que el uso de mascarillas es perjudicial para la salud”, incide.

 

Smichdt termina su escrito a Óscar Puente apelando a la responsabilidad. “Creo que si los medios de comunicación y su gobierno les informaran mejor, la gente libre y orgullosa podría decidir por sí misma si llevar o no una mascarilla. Suecia, Taiwán, Japón y otros países han demostrado que no tienen un exceso de mortalidad allí y, lo que es más importante, que estos países han transferido la responsabilidad a sus ciudadanos”.

 

Y la conclusión final. “No tiene sentido que la gente en la calle tenga que llevar una mascarilla y que estas mismas personas se encuentren después en un bar con sus amigos sin mascarilla. ¿O no?”. Hay que reconocer que al menos esto último es probable que lo haya pensado mucha gente durante estas semanas de desconfinamiento.

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