Un Gobierno a prueba de grietas, un partido abonado a las diferencias

Las "diferencias" entre Igea y Barrios pueden romper el entendimiento entre miembros de un mismo partido pero no dañar un gobierno de dos partidos diferentes.

Menos de una semana. Eso es lo que ha tardado en resolver la Junta de Castilla y León la primera crisis de gobierno de esta legislatura, la de la salida del consejero de Industria. La dimisión de Germán Barrios se ha saldado con el ascenso de Ana Carlota Amigo y dos movimientos internos para encontrar un nuevo portavoz de Cs en Cortes y un suplente para el escaño que deja la nueva consejera. Un juego de sillas para devolver al ejecutivo bipartito la estabilidad que este tipo de escaramuzas siempre debilitan.

 

La sustitución ha llegado a buen puerto, y por ahora las aguas vuelven a su cauce, aunque nadie niega que episodios como este crean tensión. Es una tensión que, al contrario de lo habitual, no afecta al engranaje entre los dos partidos que lo forman, PP y Ciudadanos, que es donde suelen chirriar los gobiernos bicolores, y si no que se lo digan a Pedro Sánchez. En Castilla y León, ni un ruido al respecto, posiblemente gracias a las reservas de paciencia para una labor de entendimiento imprescindible y asumida desde el primer día.

 

Esa buena disposición permite que el vicepresidente 'apueste' su cargo a quienes quieran afirmar que la desescalada se hace ahora por criterios políticos y no sanitarios, y no lo pierda aunque el presidente Fernández Mañueco anuncie un paso en bloque a fase 1 y, días después, sea esa la medida que proponga Sanidad. Ni por esas parece posible sembrar siquiera una duda sobre la unidad del Gobierno sin que sea el propio Igea el que responda que "nadie abrirá una grieta" ante los ataques de la oposición.

 

Sin embargo, la "grieta" se le ha abierto a la facción 'naranja' del gobierno regional en sus propias filas, porque es dentro donde el vicepresidente parece no encontrar la sintonía de la que sí presume en el Gobierno bipartito. Igea ha reconocido "diferencias" con Barrios y ha cargado con dureza con 'su' consejero de Empleo e Industria, cuota de Cs en el ejecutivo regional. "Nadie en su sano juicio puede pensar que en medio de la mayor crisis de empleo que ha vivido una Comunidad, una persona se marcha por estas cosas. No sé si alguien se marcharía de un gabinete de guerra porque el presidente tiene mal carácter". 

 

La declaración es casi una confesión de lo que ha ocurrido. Igea y Barrios no se entienden, y lo de menos es identificar o no a la parte que aporta el "mal carácter". Pero lo ha habido en forma de "diferencias", esa 'cosa' que en este caso puede romper el entendimiento entre miembros de un mismo partido pero no daña un gobierno de dos partidos diferentes. No es un momento fácil, desde luego, y marcharse por cuitas particulares es grave, como también lo es forzar la máquina más de la cuenta, y todo indica que detrás del estándar de 'motivos personales' hay una ruptura total, de esas que se ven pocas veces. Y no es buena noticia que este tipo de odios afloren ahora. La claridad (incluso la dureza) en los planteamientos no debe estar reñida con la cordialidad y, por encima de todo, el entendimiento. Es hora de remar todos juntos y faltar a ese objetivo justo en una gran crisis como la actual es faltar a lo que realmente importa. 

 

En cuanto a la consejera, llega en una ocasión trascendental. Como titular de Empleo e Industria nada menos, por sus manos deben pasar las políticas clave de la recuperación. Ahí es nada. Su labor al frente del grupo parlamentario le ha valido la confianza del que es su 'jefe' en la parte del gobierno que le toca a Ciudadanos. Quizás por eso muchos ven en este nombramiento un juego de sillas, el resultado del pulso que se monta cuando un partido tiene que cambiar un cargo. Sale alguien del que discrepas y entra alguien de afinidad declarada. Una pieza que no encaja por otra que sí. No es lo que debería importar ahora, pero es lo que hay. Ahora toca unidad, y no es edificante que tenga que ser así, pero al menos que sea. Pero que sea para bien: nos jugamos mucho como para que sea solo un juego de las "diferencias" políticas.