Un concierto maravilloso
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Un concierto maravilloso

La obra elegida para dar comienzo a la temporada del 30 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) es un intento de acallar el ruido del tiempo. Llega el otoño, aparece otra vez la música en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) y se escucha Leonora III, op. 72ª de Beethoven dirigida por el maestro Pablo González de manera detallista, llena de expresividad y con una energía marca de la casa.

 

Escuchar música aquí se ha convertido en un acto comunitario. Esta noche la OSCyL infla las velas a pulmón y nos ofrece un Beethoven preciso, natural, desbordante y romántico. Por momentos el oyente tiene la impresión de que la tarde se ilumina y se puebla de silencio. De repente todo esta callado y solo se escucha a Beethoven.

 

Y es en ese silencio cuando aparecen los hermanos Víctor y Luis del Valle y ocurre algo maravilloso cuando se escuchan los primeros compases del Concierto para dos pianos y orquesta de Mozart. Ocurre que el público es testigo de la “luz del entendimiento” de los hermanos del Valle, como se hablan entre ellos, se miran, se escuchan y como interpelan al oyente para que descubran la humanidad y el humor que posee la música mozartiana, su dolor y su extrema verdad.

 

Cualquiera que esté familiarizado con la música de Mozart conoce el poder magnético que ejerce sobre el oyente. El poder que tiene su música para que durante un rato podamos olvidarnos de lo que nos pasa y de lo que pasa fuera. No se puede vivir sin olvidar. La vida sería horrible si nos acordáramos todo el tiempo de todo, eso sería el infierno.

 

Hoy festejamos juntos el 30 aniversario de la OSCyL con Beethoven, Mozart y Chaikovski. La música de estos compositores resuena, desafía e inspira al público que siente su inmediatez y su conexión con el director Pablo González, la OSCyL y Víctor y Luis del Valle que son capaces de construir un mundo sonoro por donde poder navegar a nuestro libre albedrío por lugares desconocidos, hospitalarios y placenteros.

 

Los hermanos del Valle tienen una elegancia cuando se sientan a tocar el piano natural. Todo lo que tienen que decir esta noche lo dicen con sus manos. Han dedicado su tiempo y su sabiduría a la música.

 

Pablo González es un director al que le gusta escanear las partituras y las desmenuza para que llegue al público en su punto de cocción y de sabor sin aspavientos innecesarios y superfluos que no vienen al caso.