Un Centro de Interpretación completará el proyecto agrícola e industrial dedicado a la lavanda en Tiedra

El campo de lavanda. E.P.

Las sinergias creadas por el cultivo alcanzan ya otros sectores como la apicultura y busca integrarse en el del turismo activo.

La localidad vallisoletana de Tiedra contará, el próximo año 2017, con un centro de interpretación de la lavanda, planta aromática que conquistó hace ya algunos años 250 hectáreas de su término municipal, al que brinda el tono lila que, hasta hace pocos años, era exclusivo de los paisajes franceses de la Provenza.

 

La iniciativa, surgida del empresario Antonio Fonseca, quien suma a las de Tiedra más hectáreas localizadas en San Cebrián, Bercero y Villavellid, podría ver la luz en el año 2017 y busca dar respuesta al interés de los visitantes que en los últimos tiempos han trasladado a la Oficina de Turismo de la localidad su interés por visitar los campos, que lucen floridos cerca de 15 días en julio.

 

"En Francia, ese turismo es un motor económico brutal", ha asegurado Fonseca en una entrevista concedida a Europa Press en la que explica que el Centro de Interpretación se ubicaría en las instalaciones de su destilería, en concreto en un pequeño edificio que precisa de acondicionamiento y que permitiría a los visitantes conocer las características de la lavanda y su proceso de cultivo, además de disfrutar de imágenes de sus campos, las más buscadas por los turistas.

 

De hecho de mano del Centro de Interpretación, en el que podrán adquirirse productos como el aceite esencial de lavanda, se pondrán en marcha rutas para visitar los campos de Tiedra, aunque las pretensiones van más allá y se buscará la complicidad de otros agentes de la zona para crear una propuesta en el ámbito del turismo activo.

 

De hecho, Tiedra podría convertirse en "referente turístico" de mano del Centro de Interpretación y del resto de atractivos de la localidad: su castillo, de finales del siglo XII, el Centro Astronómico y el complejo hotelero de cinco estrellas ubicado en el entorno del pueblo.

 

Además, mientras la mayoría de los campos de la zona de Torozos están ya "sin una flor" y "secos" allá por el mes de julio, los de lavanda están en plena eclosión, lo que ha atraído hacia ellos a muchos apicultores que encuentran en la aromática el alimento perfecto para sus abejas.

 

Es por ello que Antonio Fonseca ha llegado a acuerdos con algunos apicultores para que aprovechen su lavanda (otros han asentado sus colmenas sin permiso previo) dada la calidad de esa miel, que es "muy buena", lo que convierte al cultivo en generador de oportunidades y nuevas sinergias que se suman a las turísticas.

 

EXPERIENCIA COMO CULTIVADOR DE LAVANDA

 

Aún poco conocida en Castilla y León, que en el año 2014 contabilizó 553 hectáreas (en 2013 se alcanzaron las 642), al contrario de lo que sucede en provincias como Guadalajara, la lavanda permite obtener un rendimiento por hectárea "muy superior" al de otros, según Fonseca, quien con una producción de cerca de 15 toneladas anuales convirtió hace doce años una explotación familiar en 'laboratorio de pruebas' para el cultivo de esa aromática típica de Provenza.

 

Con plantas madre, las pertinentes herramientas y un centro de transformación "puntero" para poder extraer la esencia por arrastre de vapor y comercializarla, este emprendedor tuvo que desarrollar su proyecto agroindustrial en poco tiempo, para lo que viajó por Francia y España antes de cultivar y poner en marcha Aromática del Duero.

 

En la actualidad, comercializa al por mayor por un valor superior a los 300.000 euros y la esencia que destila tiene como destino las industrias cosméticas y de droguería, especialmente de Cataluña, aunque también exporta a Francia porque, aclara, las materias primas "son difíciles de conseguir".

 

La lavanda, una planta a medio y largo plazo con una vida útil de entre diez y 15 años y que precisa de una inversión inicial "más o menos fuerte", campa ahora en distintos puntos de la provincia de Valladolid de mano de Fonseca, quien lamenta la "reticencia" de los agricultores de secano de la Comunidad y, frente a ello, apuesta por la necesidad de contar con "mentalidad inversora".

 

El empresario, quien aclara que la lavanda tampoco es un cultivo a gran escala en Francia, país que produce el 80 por ciento de la esencia, también cultiva y comercializa para otras personas con tierras ubicadas en Renedo y Boecillo aunque no pierde de vista su objetivo de llegar a un máximo de 500 hectáreas.