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Txus (Mägo de Oz): "Hay dos tipos de música, la buena o la mala, y yo prefiero estar en el lado contrario a Andy y Lucas''

La banda de rock llega a Laguna en el marco de la gira de presentación de su último trabajo, 'Ira Dei'.

Mägo de Oz se sube a las tablas una vez más. Y ya van 31 años. Este viernes tocarán en la Plaza de Toros de Laguna de Duero, en el marco del Laguna Rock Party, en el que también actuará Burning. En Tribuna hemos hablado con Txus di Fellatio, batería de la banda, en una conversación en la que ha comentado por dónde discurrirá su show, y ha tenido tiempo para hablar de la situación actual de la música en España. Y lo ha hecho sin tapujos, afilado, como las guitarras de rock.

 

PREGUNTA: ¿Qué podemos esperar del concierto de este viernes en Laguna?

RESPUESTA: Principalmente presentamos nuestro nuevo disco, que está funcionando muy bien. Estaremos dos horas y cuarto tocando y tenemos preparada una escenografía muy chula, con una pantalla gigante en la que habrá sorpresas y juegos de luces. Es un espectáculo muy preparado.

 

P: ¿Qué canciones no faltarán?

R: Vamos a tocar siete canciones de nuestro nuevo álbum y luego catorce de las típicas, de las que nos pide todo el mundo. Ya se sabe, ‘Fiesta Pagana’, ‘Molinos de Viento’, ‘La Costa del Silencio’…  Sonarán todos los clásicos.

 

P: ¿Cómo valoráis el hecho de compartir escenario con Burning?

R: Es un lujo. Tocar con una institución del rock español como ellos es un regalo que nos ha hecho esta gira. Ya estuvimos con ellos en La Roda, y disfrutamos como enanos.

 

P: Os consideráis fans de ellos entonces

R: Mira, yo con 15 - 16 años los escuchaba, así que cuando toquen, estaremos viéndolos y disfrutando, no en primera fila, porque no podemos, pero sí desde lo más cerca que se pueda. Tengo una segunda banda, que se llama Bürdel King, que es bastante más irreverente y en la que bebemos mucho de todo el rock madrileño de los 80, y Burning son una de nuestras referencias.

 

P: Vuestro último disco, Ira Dei, está funcionando bastante bien, ha sido número en España, tiene éxito en Latinoamérica también… ¿qué tiene de diferente o especial?

R: Quizá lo más novedoso respecto a otros trabajos es que es más complejo. Tenemos composiciones mucho más elaboradas, muy barrocas, hemos metido incluso arreglos operísticos. Algunas canciones llegan hasta los 20 minutos como las del rock progresivo de los 70, pero tenemos temas que no parecen ni rock, como el primero, en el que hemos metido hasta música electrónica. Mira, no creemos en los géneros, nosotros creemos que solo hay dos tipos de música, la buena y la mala. Yo intento estar en el lado contrario a Andy y Lucas, por ponerte un ejemplo.

 

P: A pesar de vuestra extensa trayectoria, el público general os conoce como un grupo de himnos, ¿os molesta?

R: Pero eso es por la situación de este país. En España parece que no hay público para el rock, pero luego llega Metallica y mete 100.000 personas en un estadio. Carecemos de infraestructura, y tenemos mala imagen, porque ven a alguien con una camiseta de Iron Maiden y se creen que ya es el típico macarra que roba en una farmacia. Y algunos rockeros tenemos estudios (risas). Es muy difícil vernos en la tele, aunque sea en la pública, y nuestro papel es cambiarlo. Si yo fuera un pintor cubista, querría que todo el mundo viera mis cuadros, y no solo los aficionados a la pintura cubista. Hemos sido muy criticados por los talibanes del rock por aparecer en sitios como ‘Pasapalabra’ pero mi obligación es mostrar mi arte y darme a conocer. A cuanta más gente lleguemos, mejor, lo demás me da igual.

 

P: Lleváis tres décadas en la industria musical y habéis vivido muchísimos cambios, ¿en qué punto creéis que se encuentra todo?

R: Hemos visto muchas cosas. Hemos visto caer bandas que parecía que no iban a caer, otras mantenerse ahí... Hay dos tipos de grupos, por un lado están La Oreja de Van Gogh, Amaral, nosotros… gente que llevamos muchos años; y luego está la comida rápida, lo que yo llamo McDonald’s de la música, que no tienen bagaje y desaparecen. Y esto pasa porque no son profesionales, porque no saben lo que es tocar para 20 personas en un antro en Soria. Hay gente muy buena joven como Vanessa Martín y Pablo Alborán, que van a estar ahí, pero luego ves a otros como los ‘triunfitos’, que duran cinco o seis años porque no tienen calidad.

 

P: Y al hilo de eso, ¿cuál es el secreto para que después de 30 años Mago de Oz siga vivo?

R: El día que lo sepa montaré varios Magos de Oz más (risas). La clave es que, básicamente, los jefes de Mago de Oz son la gente que nos va a ver en concierto. Hace unas semanas en México, la productora nos decía que cuánto tiempo queríamos estar firmando autógrafos y dijimos que hasta que se marchase el último, y estuvimos como 8 horas. Y es lo que tenemos que hacer, porque los que pagan mi coche, las facturas de la luz, de la comida... son mis fans. Las estrellas están muy bien en el cielo, pero nosotros tenemos que vivir para la gente.

 

P: ¿Daríais algún consejo de cómo disfrutar de vuestro concierto del viernes?

R: Yo diría a todos que vayan con una sonrisa cosida, que por dos horas intenten olvidar sus problemas de estudios, sus problemas familiares. Nosotros ponemos una especie de tirita en el alma, somos como los médicos temporales. Somos músicos, y nuestra labor no es cambiar el mundo. Eso está bien como postura. Nosotros tenemos que conseguir que después del concierto la gente llegue y diga “nos hemos divertido”. Nada más.