“Todos hacemos una contribución durante esta crisis, aunque los quiosqueros apenas saquemos beneficio”

Soledad Gil, en su pequeño quiosco junto a la Catedral. JUAN POSTIGO

Soledad Gil mantiene su pequeño quiosco de prensa junto a la Catedral, entre las calles Núñez de Arce y Cascajares, aunque ha reducido su horario por haber caído las ventas un 70%

Soledad Gil es un clásico en Valladolid. Quizá usted no la conozca a simple vista, a lo mejor ni siquiera viendo su quiosco desde dentro, pero si se fija en su punto de venta, en una emblemática esquina entre las calles Núñez de Arce y Cascajares sí caerá en quién es. Lleva años y años vendiendo prensa y golosinas allí, y es de esas personas a las que el coronavirus no ha conseguido echar atrás.

 

“Las ventas de periódicos han caído un 70%, pero aquí seguimos”, dice con la sonrisa que la caracteriza, si bien en esta ocasión hay que intuirla bajo la mascarilla. Ella no se ha planteado dejar de hacer su pequeña contribución a la sociedad a través de su negocio, no al menos hasta que el Estado de Alarma le obligue a ello. “Es cierto que estamos aterrorizados, nos han metido demasiado miedo, pero mientras haya prensa de aquí no nos movemos”.

 

Bien es sabido que la mayoría de este público se trata de gente de avanzada edad, precisamente aquellos con más factor de riesgo por la enfermedad y, por tanto, los que en teoría tienen más motivos para confinarse. “Ya no vemos niños por las calles, si acaso gente joven. Desde la semana pasada cada vez vienen menos abuelos y abuelas. Son conscientes, han tomado conciencia, y se quedan en casa”, sigue ‘Sole’, como la llama todo el mundo en la zona.

 

Precisamente los negocios cercanos siguen siendo la clientela fiel. La farmacia de al lado, la panadería de más allá. Gente que va de paso y aprovecha para hacerse con un ejemplar de la prensa. “Una de nuestras fuentes ahora mismo es precisamente llevarle a casa el periódico a la gente mayor. Como les conocemos ellos nos lo pagan y nosotros nos encargamos de acercárselo en un segundo”, explica la quiosquera, quien explica que en todo caso ha reducido su horario a la mañana, de nueve a casi tres de la tarde.

 

“Vamos tirando con lo que se puede”. Y eso que la gente no se acuerda precisamente a día de hoy de las personas que se encargan de vender la prensa. “La labor de los sanitarios es encomiable, hay muchísimo que agradecerles, pero de nosotros nadie se acuerda. Sea como sea, está claro que todos hacemos una contribución durante esta crisis”.

 

Pese a los “ínfimos márgenes” que le está dejando toda esta situación, ahí seguirá Sole. Al pie del cañón y de la Catedral de Valladolid para seguir haciendo llegar las noticias a vecinos y vecinas de la zona centro.