Teatro metralleta

Se echa de menos en La Dama duende el poder disfrutar de sus diálogos que leídos son brillantes y divertidos pero que recitados pierden emoción. Esta noche les faltan ritmo, demasiadas cosas se cuentan, no ocurren. La escenografía es evocadora pero el espectáculo adolece de tensión y expresión que le imposibilita su impacto emocional.

FICHA TECNICA. Valladolid. Teatro Calderón. La Dama duende de Calderón de la Barca. Versión: Álvaro Tato. Dirección: Helena Pimienta. Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico. Reparto: Rafa Castejón, Álvaro de Juan, Martas Poveda y otros.

 

Los personajes de Calderón se hallan en un mundo engañoso, cuyas apariencias mienten, en el que la sorpresa asombra, y hace perder el norte al individuo Una tela de sucesos dudosos guía al hombre por un laberinto intricando, mientras los sentidos recogen contradictorios mensajes, según nos cuenta Ángel Valbuena Briones. Por eso Calderón sigue siendo nuestro contemporáneo a pesar del tiempo transcurrido desde que escribió La Dama duende y es todavía fecundo y significativo para el actor, lector y espectador.

 

Pero resulta que esta noche no llega al Patio de Butacas, ni a Palco Platea, ni al Anfiteatro, ni a la Galería la pasión, ni la evasión para que el espectador se deje llevar por la corriente y disfrute y todo es debido a que a los oídos llega mal resuelto. Debería producirse una hoguera, pero se ha terminado el queroseno.

 

El tono y la intensidad que pone Marta Poveda (Doña Ángela) no dibuja muy bien el temperamento, ni los matices y resulta un poco monocorde. Dice palabras que no da tiempo a que trasmitan el mensaje, a veces pierdes el hilo porque no llega su voz. Rafael Castejón (Don Cosme) actúa con naturalidad. Eso es lo más difícil para un actor. Con una cualidad esencial: no se nota mucho el esfuerzo. En escena es un actor intuitivo, rápido y elegante. Porque en el teatro la palabra no basta. Para reflejar una pasión amorosa cuerpo y palabra tienen que agarrarse al estómago y provocan punzadas en el corazón del espectador.

 

El mejor teatro no se da necesariamente en el escenario. Se produce siempre entre el escenario y el patio de butacas, entre los actores y los espectadores. Esta noche los lugares comunes, los sentimientos, los discursos han discurrido por caminos diferentes. Y ya sabemos que sin conflicto el teatro muere. Otra vez será.

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