Tapas por los ojos y, a veces, por la boca

María Marte, presidenta del concurso, preparada para degustar una tapa. A. MINGUEZA
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La variedad en la presentación del XII Concurso Nacional que se está celebrando en Valladolid dejó diversas sensaciones.

Cuenta el dicho que en la variedad está el gusto, y precisamente por eso se caracteriza cada edición del XII Concurso Nacional de Pinchos y Tapas de Valladolid. Este continúa atrayendo a muchos curiosos, aprendices y diversas autoridades que buscan deleitarse con las obras creadas por los participantes.

 

¿Qué hay mejor que saborear una tapa hecha al milímetro con un buen vino o cerveza? Eso debieron de pensar muchos vallisoletanos, que, con el paso de las horas, fueron llenando este martes la Cúpula del Milenio. Allí se acercaron estudiantes de las diferentes escuelas de cocina de la ciudad que pretenden empaparse de todo lo que sucede. Sin libreta, pero con los ojos bien abiertos para captar cada esencia de los pinchos.

 

Como aperitivo, el gusto del Mar de Noruega, con productos frescos para crear una gran variedad de tapas que hicieron las delicias de quienes las cataron. Y, para acompañar, un vino de Valladolid o unas cervezas de diferentes sabores, como una que contiene vodka. Para que nadie se quede con hambre y sed.

 

La concejal de Cultura y Turismo, Ana Redondo, o el exalcalde de la ciudad, Francisco Javier León de la Riva, se dejaron ver por una Cúpula en la que, por momentos, costaba caminar para acudir a los diferentes puestos.

 

Al otro lado, en la zona del concurso, los cocineros apuraban sus platos para intentar encandilar a un jurado formado por la presidenta del concurso, María Marte, los chefs Javier Peña y Fran Vicente o los periodistas José María Íñigo y Jesús Álvarez, entre otros. Diversos puntos de vistas, de profesionales de la gastronomía a otro tipo de paladares.

 

Representando a Valladolid, y para abrir fuego en la segunda tanda, estaba Javier Pérez, de La Garrocha, con su tapa 'Vamos a contar mentiras'. La compleja composición de este plato es la siguiente: galleta de jengibre, wasabi y lima; con un tartar de frutas de fresa, manzana verde y cebolla morada; adornada con una sardina marinada aliñada con aceite de oliva sal y zumo de limón; mayonesa de wasabi, fresas deshidratadas y flores tagete.

 

Pese a la cantidad de ingredientes, su creador pidió al jurado que se lo comiera "de un bocado". Y es que en realidad no abultaba demasiado. Pérez apostó por esta tapa porque "es muy arriesgada" y "diferente al resto". "Tiene sabores impactantes y fuertes", añadió.

 

La presentación de todo el espectáculo corrió a cargo, una edición más, del periodista Goyo González, que entretuvo al público y al jurado entre plato y plato y durante la degustación de los mismos. En las caras de los jueces se podía intuir si su valoración posterior iba a ser buena, mala o regular.

 

José María Íñigo, en su visita a Valladolid, reconoció que este concurso es "muy interesante". Pero se mostró sorprendido por las diferentes tapas. "Han dado más importancia a la presentación que al sabor", explicó. Por su parte, Jesús Álvarez aseguró que era "una experiencia diferente". "La comida entra por los ojos, pero aquí cuenta todo", señaló. Aunque apuntó que "más la presentación".

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