TAC. Epílogo

Les ocurre a los vicepresidentes de las comunidades autónomas;  a los equipos de fútbol, a los médicos, a las cuñadas y a los artistas.  Gobernar;  jugar la final de la Champions; dar con el diagnóstico adecuado; ser buenas anfitrionas o actuar en el jardín del Museo de Escultura no está al alcance de todos.

 

Todos  los artistas que han pasado por el TAC han sufrido  una prueba de fuego, acumulado experiencias, han sido valientes y han demostrado coraje. Sobran evidencias. Han derrochado  inteligencia de corazón y han profundizado en los valores que tienen el teatro, la danza, la música…  

Jean Genet  escribió que “no se puede ser artista sin haber vivido una gran  desgracia”. Todo acto artístico  que se precie está alimentado de adversidades, enfrentamientos y dramas. La vida protegida,   anodina,   que llevábamos hasta ahora, se acabó. Nuestro destino ha cambiado.

 

Siempre habrá actrices, actores y directores que entiendan que las limitaciones son parte del proceso. Pero en ese proceso,  si las cosas se hacen con honradez y respeto  - me estoy acordando  ahora mismo de Anna Vallés, Baltasar Patiño, Jorge Barroso “Bifu”, Hiraki Sawa,   Claire Ducreux y Toni Mira, de Paula Mendoza, de Licas,  Alex Peña, etc.-; el público tiene la posibilidad de pensar que ha valido la pena salir de casa,  enfrentarse a la vida y  al miedo.  Porque cuando las certezas desaparecen, la duda empuja a buscar la verdad. Esa verdad la puedes encontrar  en un escenario.

 

No hay miedo, ni engaño en la cristalina voz de Paula Mendoza. Su voz te hace pensar. Pensar en lo irrepetible, en el paso del tiempo, en “el brillo de lo que permanece después de  extinguirse”  por utilizar palabras de Luis García Montero.

 

Viendo a Claire Ducreux y a Toni Mira  te dan ganas de sentarte a la orilla de un fuego como hacían los sabios de la tribu y dejarte llevar por la noche, por las estrellas,  siendo consciente que en el mundo nada es lineal, ni permanente,  ni simple.

 

Debemos preservar el teatro de calle. El teatro es una provocación para que salgas de ti mismo, te emancipes sensorialmente  e intelectualmente. La ilusión, el empeño de Ana Redondo   y las ganas de todo el equipo  del TAC han facilitado que  el público  disfrute  y se alegre de haber llevado a buen puerto un empeño colectivo. Porque sin el teatro, sin la danza y sin la música la vida sería un error.