Sostiene Slatkin

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna Valladolid.

Sentado ante la imponente cristalera de la cafetería del Centro Cultural Miguel Delibes, el director de orquesta Leonard Slatkin deja que el peso de la tarde le caiga encima. Se le ve que está disfrutando de la conversación plácida e invernal. Fuera hace un frío de perros.

 

Camina a pasos rápidos por la tarima de la Sala Sinfónica Jesús López Cobos con esa corbata del mismo color que la caja roja de bombones de Nestlé. Ya en el primer movimiento, El carnaval romano op.9 de Berlioz se nota que la precisión y la potencia de sus manos están subordinadas a la disciplina. Esta pieza la dirige extraordinariamente bien; dirige a la OSCyL como si estuviera interpretando una radiografía, meticulosamente.

 

Después llegaron Roberto Bodí, trompeta y Juan Manuel Urbán, corno inglés tocando una obra de Aaron Copland 2 Quiet City, para cuerdas, trompeta y corno inglés. La interpretación que me estimula es la que me permite entra  en ella, por así decirlo: el intérprete mediante la intimidad de su ejecución me hace sentir, disfrutar y viajar. La belleza del sonido nace así, esporádicamente. Y ellos lo consiguen. ¡Enhorabuena!

 

Paul Hindemith y su metamorfosis sobre temas de Carl Maria von Weber no me dijo nada especialmente, para utilizar las palabras de mi compañera de butaca. Nada. Menos mal que llegó el descanso y la copa de cava afecto positivamente al cerebro. Porque Edward Elgar con su Variaciones sobre un tema original, ‘Enigma’, op.36 mostró -y de qué manera- todas las virtudes de la OSCyL. Y es que Leonard Slatkin sale a darlo todo y eso es contagioso.

 

Se pudo disfrutar del sonido. Porque el sonido no es algo solo lineal, también es horizontal, tangencial, de abajo arriba y viceversa, del centro hacia atrás, de forma que el resultado es un todo nuevo, un todo cuyo sentido, paradójicamente, te está vedado. Pero, curiosamente, aunque te esté vetado eres capaz de disfrutar de él.

 

Sostiene Leonard Slatkin que su fórmula es  trabajo, trabajo, trabajo… sin ser obsesivo. Me he dado cuenta con los años que para trabajar mucho y llegar a todo bien tienes que ser organizado. Su severidad y su precisión nunca la da la sensación de mecanicidad. Más bien al contrario, su dirección tiene una extraña y calidad vida.

 

Los aplausos fueron numerosos y verdaderos. Con ganas de volver a verle, maestro.