Sonido Stradivarius
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Sonido Stradivarius

De todos los estímulos, el primero de la fila es el auditivo.

Su tiempo de reacción mínima ronda las 170 milésimas. El segundo lugar lo ocuparía el táctil y después el visual. 151 fueron las milésimas exactas que el público asistente al concierto necesitó (record de la Sala Sinfónica) para deleitarse con el Stradivarius “Ex-Kiesewetter” de A. Hadelich.

 

FICHA TECNICA: Valladolid. Centro Cultural Miguel Delibes CCMD. Abono temporada 17. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. OSCyL. Director: Eliahu Inbal. Violin: Augustin Hadelich. Programa: Wolfgang Amadeus Mozart, Felix Mendelssohn y Antonín Dvorák.

 

La Sinfonía nº 25 de Mozart abrió el concierto y se pudo apreciar su carácter abiertamente dialéctico, su teatralidad juguetona y un humor honesto y vago que diría Pla. Los veinte minutos que duró la sinfonía representaron un paraíso, un territorio en el que se vivió uno de los mejores momentos de la tarde-noche.

 

Porque Mozart tiene alegría, luminosidad y tensión a raudales. Escuchar música no puede estar al margen de la vida. Visitar una exposición, leer a Philip Roth, ese escritor que al igual que Mozart representa la modernidad, la vida, los cambios de opinión, los desafíos y que con su música, con sus libros nos brindan la oportunidad de acompañarnos en nuestros momentos de soledad e infortunio.

 

Y llegó Hadelich con su Stradivarius y lo arregló todo. Bastaron los 7 compases iniciales del Concierto para violín y orquesta de Mendelssohn para que el espectador fuera consciente de que todo era nuevo, distinto, inefable. La música que llegaba al tímpano era un regalo de imaginación, verdad, belleza y talento. Mendelssohn y Hadelich e Inbal y la OSCyL firmaron un concierto de muchos quilates. Esta música canaliza emociones y evita y previene problemas relacionados con el estrés y la dichosa actualidad.

 

Cuando llegó la propina con Paganini, resultó que el aire acondicionado se puso en marcha por su cuenta. Tal era la atmósfera en la Sala Sinfónica que por los pies se empezó a notar un frío de quirófano para recodarnos que éramos mortales, que esta vida es un cuarto de hora que diría Santa Teresa. Pero aquí, hasta que termine el concierto, se está protegido y está música que se escucha pone al personal de buen humor. Hadelich nos había señalado donde está la fuente de la belleza y con su sabiduría indicarnos que estábamos en buenas manos; sonaba Mendelssohn, no había prisa por irse a casa.