Sobre el Centro Cultural Miguel Delibes

Cuanta más música me gusta, más me gusta la música. 

Cuanta más música me gusta, más me gusta la música. Así que me resulta gratificante acercarme al CCMD.  Entrar en cualquiera de sus Salas –Cámara, Sinfónica y Experimental- es como encender una fogata. Porque la música puede entrar por los cinco sentidos, solo tienes que tener la capacidad de descubrirlo, de averiguarlo por ti mismo.

 

El otro día se celebró la Jornada de puertas abiertas en el CCMD y era cierto. Todas las personas que se acercaron esa tarde comprobaron que siempre había a su alrededor gente disfrutando. Disfrutando de una conversación, de la luz recién estrenada del otoño, de los sonidos,… gente esperando a entrar en un concierto dentro de una atmósfera agradable, marca de la casa. Ese es el tesoro del Centro Cultural Miguel Delibes. 

 

Aquí, durante la temporada que ya empieza, se van a escuchar las grandes obras que la humanidad ha sabido componer. La grandes obras que han sido amadas y apreciadas  generación tras generación  y que la OSCyL va a capturar, va a poner el sonido para que Mozart, Beethoven, Mahler… tengan sentido y resulten placenteras al público.

 

Ya dijo Nietzsche que el espectáculo de un gran navío bogando es sublime, pero si te acercas, todo allí es esfuerzo. Porque aquí dentro hay personas que lo cuidan para que cuando llegues de la calle y te sientes en la butaca   todo esté listo para disfrutar de la música, del teatro, del jazz, de la magia…

 

El acto de escuchar, la capacidad de escuchar música en cualquiera de sus salas,  nos permite retirarnos y tomar distancias de las cosas que nos rodean. Salir del tiempo impetuoso de la vida y convertirte en una persona que escucha para poder adquirir  una mirada teórica de lo que está sucediendo  a dos palmos de ti.

 

Porque a veces, mientras escucho a la OSCyL, el sonido que lleva implícito el  pensamiento  me hace feliz. Siempre me ha gustado esa probabilidad. Siempre he creído que  el placer de escuchar a Schubert tiene un valor conceptual profundo que comienza donde termina el lenguaje y es cuando se puede  entrever,   como decía Novalis,  el caos a través del velo del orden. 

 

Os perdéis muchas cosas si no amáis,  ni veis, ni escucháis, ni os acercáis al CCMD  a la hora del crespúsculo y abrís los pulmones y el corazón para llenarlos de aire sonoro, del aire fresco que traen los sonido de la vida. Cuento los días, las horas, los minutos…