Silván y Mañueco lo fían todo a los afiliados: el ganador el día 17 será candidato único a presidir el PP

Los dos candidatos a relevar a Herrera acuerdan jugárselo todo en la votación de los militantes: el que logre más votos, será proclamado candidato único.

Un duelo a primera sangre. Esto es lo que han pactado los dos candidatos en la carrera por relevar a Herrera al frente del PP de Castilla y León. Silván y Fernández Mañueco se han puesto de acuerdo para resolver la disputa el día 17 de abril y que con el único trámite del voto de la militancia quede decidido quien será el nuevo número uno autonómico de los populares. El objetivo es no profundizar en posibles fracturas internas y llegar al congreso del día 1 de abril con la sucesión resuelta.

 

De este modo, el que más apoyos tenga en la votación del día 17 será el candidato único a presidir el partido. No será necesario recurrir a la segunda vuelta, la votación prevista para que los compromisarios elijan ya en pleno congreso entre Silván o Fernández Mañueco. El acuerdo deja de lado también los otros condicionantes marcados para la novedosa votación de los afiliados, que se convierte en decisiva en la primera ocasión en la que el PP recurre a ella.

 

Según los nuevos estatutos salidos del úlltimo congreso nacional, el PP CyL había elegido un sistema de doble vuelta. Primero, los militantes que se inscriban para votar emitirían su sufragio; la fecha elegida es el 17 de marzo. La votación sería decisiva si uno de los dos candidatos logra más del 50% de los votos, supera en quince puntos a su contrincante o ganara en cinco provincias o más. Ahora eso se anula y un solo voto de diferencia daría la victoria a uno de los dos contendientes. De este modo, no haría falta elegir entre alguna de las dos opciones en el congreso: sólo llegaría un candidato, que terminaría elegido por aclamación y a mano alzada como es habitual.

 

Ambos contendientes estarían de acuerdo en someterse a este sistema, y también habrían acordado que el ganador presidiera el partido y el perdedor quedara como secretario general autonómico para fomentar los equilibrios. La decisión permite evitar la fractura que produciría llevar la cuestión de la presidencia sin decidir al propio congreso.

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