Silencio, torea Pablo Aguado

Aguado

Pablo Aguado está dando una dimensión de torero grande, de torero de época.

Hay un silencio que procede del desacuerdo con el mundo y otro silencio que es el mundo mismo (No sufrir compañía. Ramón Andrés. Editorial Acantilado). Pablo Aguado es sinónimo de despaciosidad, gusto  e inspiración. Y compromiso. Sus primeros muletazos en el Coso de Zorrilla fueron de solemnidad y misterio que guardan  sus muñecas.

 

Verle torear exige silencio, un bien cada día más escaso y cada vez menos valorado en comunidades de vecinos, iglesias, centros comerciales y consultas médicas. Para Pablo Aguado estar “delante de la cara del toro” es encontrar una isla de tranquilidad, una forma íntima de  la que emana su tauromaquia e impregna en los tendidos territorios sagrados, territorios privados que  tienen  la facultad de ordenar, crear y disolver más allá de las palabras.

 

Esta tarde, Pablo Aguado está dando una dimensión de torero grande, de torero de época. Esta dominando “al de negro” con firmeza y la distancia justa fruto de su conocimiento e instinto a la vez. El toro, al sentirse bien tratado,  le está regalando embestidas a diestro y siniestro. Pero nunca te puedes confiar.

 

Está contento esta tarde Pablo Aguado. Los últimos muletazos con la mano izquierda han llegado a los tendidos por su templanza y sabor como si torear fuera una forma de hablar, de susurrar palabras abstractas e íntimas que guardan el secreto más sagrado de la vida.

 

Cuando brindó el toro al respetable sabía que ese toro llevaba un cortijo en cada pitón. Le recibió en los medios y le muleteó con gusto, pasándosele muy cerca. Su pitón derecho era noble y con clase,  exigió el “carnet de torero” a Pablo Aguado que respondió con una actitud encomiable y con raza de torero bueno.

 

Con la mano izquierda llego el delirio. Los pases llevaban enjundia y despaciosidad. Las bernadinas gustaron sobremanera al público y los dos circulares corroboraron  una tarde para enmarcar.  La plaza unánime pidió las “peludas” que Pablo Aguado paseó por la plaza con sonrisa oceánica.

 

El silencio es todo lo que tenemos. / La Voz, es el rescate/ Pero el Silencio es Infinito. / Carece de rostro. Emily Dickinson.