Shock&Show. ¡Arresten a los que aplauden!

Palabras contra el olvido 174

Peluquería de caballeros. El peluquero corta el pelo a Sídney Munsiger (Woody Allen), un publicista y autor de dos novelas mediocres. “He acabado de leer su novela. Me llevó todo el invierno “. “ Pero si son apenas 200 páginas…”. “Ya, pero me dormía. Incluso creí que era narcolepsia, pero el médico me dijo que no, que era el  libro”.

 

Nadie pone en duda el esfuerzo de todo el elenco que compone Shock&Show pero la sensación que tengo es que entrar en “El Edén en el que nada está prohibido. Sal del Shock y entra en el Show” que propone el programa, es pedir peras a un olmo. Si a todo esto unimos que la música –por llamarlo de alguna forma- suena a tocadiscos de local,  y que las voces, ¡Dios mío, que inglés! empachan y empalagan porque suena y sabe todo a lo mismo. ¡Si Nina Simone levantara la cabeza!

 

Menos mal que las luces y la escenografía salvaron los muebles. El equipo Técnico del LAVA, llámalo Atila, ofreció una forma nueva de acercarse al espectáculo y el público pudo imaginar y soñar que se encontraba en una Sala de espectáculos de los años 80. Por decirlo de otra manera, el público solo se pudo tirar a la piscina y estar a sus anchas en contadas ocasiones.

 

El viaje que proponía Lady Veneno (Héctor Matesanz) y Roberto García Encinas no necesita guía turístico. Y están a punto de dilapidar el cariño y la pasta de sus seguidores,  porque a su espectáculo le falta calidad, para decirlo de una vez. ¿No se han dado cuenta?

 

Las ideas (deseos, fantasías, prohibiciones…)  tienen que materializarse, no solo valen las palabras. La calidad de un producto mejora cuando más y mejor estar trabajado, porque si no, el público lo nota y si no le gusta no vuelve el próximo año.  El valor nutricional de Shock&Show  nada o poco tiene que ver con el “prospecto” con el que se anuncia.

 

El arte permite recrear la desnudez que no se ve en la vida real, pero es capaz de despertar el deseo y los sentimientos más sublimes en espectadores ávidos que vienen de la calle con las manos llenas de aplausos para derramarlos cuando captan momentos que guardaran en su memoria durante mucho tiempo. Entonces es cuando un espectáculo tiene sentido.

 

La complicidad del público con Lady Veneno está a punto de dilapidarse. Haría bien en tomar nota… pero el médico me dijo que no, que era culpa mía.