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Saul Leiter: el arte de la fotografía

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

La manera de estar en el mundo de Saul Leiter es haciendo fotografías. Ya de niño le gustaba la fotografía y no sabía ni lo que era. Si haces fotos es para que alguien las vea. Toda obra de arte siempre ha tenido por cuenta al posible receptor. Al público. ¿Qué necesidades y deseos tiene el público que visita el Patio Herreriano?

 

La fotografía de Saul Leiter nos muestra la presencia de los matices de la vida cotidiana. Los recovecos de la vida y sus circunstancias. Y busca que el espectador se emocione y goce,  si puede.  Decía Lorca que hay que gozar del espíritu humano porque de lo contrario el hombre se convierte en máquina al servicio del Estado, se convierte en esclavo de una organización.

 

Saul Leiter nació en 1923 en Pittsburg, cosa que mucha gente no puede decir. Allí es donde aprendió a ver. Porque la fotografía para SL no es más que una consecuencia de haber visto y,  sobre todo,  de haber vivido. La perfección de sus fotografía solo se alcanza cunado no hay elementos que suprimir y solo queda lo esencial. Si visitas las Salas 1 y 2 del Patio Herreriano tienes que dejar llevarte por la mirada.

 

Dejar llevarte por la mirada para visitar la exposición con libertad. Siendo libre de detenerte y de continuar, de mirar esta fotografía y la otra, a tu capricho. Cada espectador tiene que llevar su propio ritmo. Ya lo dijo el sabio “antes de hablar, una persona debe ver”. Y descubrir las vivencias de los personajes y las ciudades que evocan secretos  y emociones que nos permiten dialogar con las fotografías.

 

Hay momentos para celebrar la belleza  envuelta en el devenir de los días que el fotógrafo va tejiendo con el ¡click! de su máquina, todo envuelto en un realismo mágico. Visitar una exposición se convierte en un acto imaginativo que posibilita (a poco que pongas de tu parte) tomar partido, tener opinión para pensar una cosa y la contraria.

 

La exposición de  Saul Leiter está colgada  a la altura de los ojos. Casi podría decir que está colgada al milímetro. Se nota que el comisario o su delegado tenían una idea muy clara de lo que quería y eso el  visitante lo agradece.

 

Todos los recuerdos del fotógrafo están en esta exposición. Sus amores, sus vivencias, todas sus etapas. Su distancia, en muchos casos irónica, resalta su maestría. Solo la incredulidad nos sirve de consuelo.

 

In memoriam de Rafael Crespo García.