Sara Baras. Sombras

Sara Baras se lo cree. Si no se lo creyera no sería capaz de bailar como baila. Por mucho talento, físico y ganas que tengas, cuando dejas de creer en ti, todo ha terminado. Y motivación. Ese es el combustible que te hace seguir. Sin ese afán para rozar la excelencia, no se consigue nada.

Y sensibilidad. Es lo que hace que verla esta noche en el Teatro Calderón sea maravilloso. Su habilidad para hacer ver y sentir al espectador de esa manera tan penetrante permite que su espectáculo se convierta en único e inolvidable.

 

Sombras son muchas cosas a la vez. Es la historia viviente del flamenco. Es el encuentro de la emoción de la alegría y la emoción de la tristeza. Y la felicidad que se trasluce en el rostro del público. Y la nostalgia. Posiblemente, muchos años más tarde, el espectador recordará que aquí paso unas horas felices porque tuvo la oportunidad de refugiarse de los rigores y azares de la vida.

 

Hoy la creatividad es la clave de todos los trabajos. Y tener voz propia y personalidad. Y Sara Baras las tiene a raudales cuando baila y habla a la gente. No se tiene voz propia para hablar sola. Sombras es un espectáculo que invita a la ensoñación. Tiene muchas historias, escenas, situaciones.

 

La experiencia que vive durante una hora y cincuenta minutos el espectador se convierte en una experiencia espiritual. Gran parte de su sentimiento se escapa de lo consciente y ahí radica una de las paradojas fundamentales: nos sentimos habitados por sentimientos y recuerdos inconscientes que con el tiempo se trasforman y dan sentido a lo que estamos presenciando. En realidad, se convierte en un espejo que no podemos dejar de mirar, que engancha y te persigue el resto de la noche. Sueñas con él. Se queda grabado para siempre.

 

Con la misma disciplina que los días de verano se dirigen ya al ocaso, los bailarines de Sombras entran en el baile y el que toca primero el corazón es José Serrano. ¡Cuánto me recordó a Antonio Gades! Que suerte tenemos esta noche de disfrutarle. Es capaz de asomar al espectador a las grietas de su alma y alojarse dentro de ella para huir de la muerte.

 

José Serrano con su baile ahonda de manera profunda en los sentimientos del espectador. Con su lenguaje corporal aparecen personajes y momentos de manera huidiza que evocan en el espectador vicisitudes de la vida. El baile es su vida y se nota.

 

In memoriam de Concepción Pérez.

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