Sandoval

Librería Sandoval

La crítica cultural de Ágreda para Tribuna Valladolid.

He venido hasta la Librería Sandoval en busca de Oscar Wilde quiero mantener con él una conversación sobre la ironía, la hipocresía  y el cinismo. Pero sobre todo sobre el sutil sufrimiento que padeció por no ser un autómata, por no ser como lo demás. Por ser él mismo.  Sus obras de teatro siguen vivas y son representadas en los teatros de todo el mundo, por algo será. Sus cuentos, como El príncipe feliz, El gigante egoísta o el Ruiseñor y la Rosa siguen leyéndose por generaciones y generaciones de lectores que siempre encuentran “algo” que les consuela y protege de la época en que les ha tocado vivir.

 

En la calle alumbra un sol de verano, estamos en julio. Me gusta pasear a primera hora de la mañana por Valladolid. La calle Teresa Gil está llena de vida. Antes de entrar en la Librería Sandoval me doy una vuelta  por el mercado de  la Plaza España y ver “como ha venido la fruta” que diría mi amigo Julio.  Todo a esta hora está como recién estrenado y lleno de vida. El escaparate de la Librería Sandoval invita a mirar, a saltar de  un libro a otro y querer leerlos todos.  

 

Oscar Wilde dejó todo su arte en El retrato de Dorian Grey y toda su vida. Pero quiero comprar La importancia de llamarse Ernesto y El abanico de lady Windermere. Su ingenio, elegancia y sutileza destacan sobremanera y cuando terminas de leerlos, sus personajes ya no te les quita de la cabeza nunca. Siempre que llega el verano leo los mismos libros. En mi lista  está siempre Oscar Wilde.

 

Oscar Wilde nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854. Su padre era cirujano oftalmólogo y otorrino de renombre, llegó a ser el oculista de la Reina. Su madre,  escritora y poeta resultó una influencia notable para su hijo en todos los aspectos, sobre todo en lo que fue para Wilde lo más importante de su vida: la belleza. Wilde la buscó en sus viajes por todo el mundo, porque fue un viajero empedernido. Los salones y los viajes ocuparon su tiempo. También fue un crápula y  pagó por ello con su vida.

 

El arte – para OW-  ennoblece  el espíritu humano, más incluso que la religión o la política, y el contacto con las cosas bellas engrandece los valores intrínsecos de las personas apartándolo de la fealdad y la corrupción.

 

Italo Calvino  dejó escrito que un clásico es un libro que equivale al universo. ¿Estaba hablando de El retrato de Dorian  Grey?

 

 

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