Sánchez Calderón en El Patio Herreriano

Foto: Rafa Crespo

Posiblemente, la exposición Fernando Sánchez Calderón, sea eso: una experiencia espiritual.

Hacía el final de su vida, alguien le dijo a Picasso: “Señor Picasso, esto es un ordenador ¿Le gustaría tener uno? Hace que todo sea más compresible” Y Picasso respondió: “¿Comprensible? Me he pasado toda mi vida tratando de no comprender. ¿Por qué querría un ordenador para hacerlo?”.

 

Cuando entras en la Sala 6 del Patio Herreriano y te encuentras con los cuadros de Fernando Sánchez Calderón sabes que no te va a quedar más remedio que sumergirte en el subconsciente y arrastrar hasta la superficie cosas con la esperanza de que surja algo. Ese algo puede ser: humano, divino, normal, frágil o  conmovedor. ¿Tiene mensaje el arte de Sánchez Calderón?

 

En el mundo de hoy en día, y en el de ayer todo el mundo tiene una opinión. Todos como ciudadanos tenemos esa obligación. ¿Es justo esto, o es injusto? Son muchas las cuestiones que definen nuestra sociedad y como hemos llegado hasta aquí. Por ejemplo, pongamos una sobre la mesa. ¿Lo gratuito, (como ha dejado escrito Richard Sennett en varios ensayos: Construir y habitar y Ética para la ciudad)  implica siempre una forma de dominación?

 

El Patio Herreriano alcanzará –según los periódicos- 100.000 visitantes este fin de semana. El visitante de un museo lo que busca es enriquecerse culturalmente. El arte moderno; los cuadros de Sánchez Calderón son una experiencia que ocupa un gran abanico de emociones, de emociones estéticas que asombran y sorprenden al visitante.

 

La Sala 6 se ha convertido, para decirlo brevemente, en un espacio para la ensoñación. Todos los cuadros (recuerdo ahora el que había en  el  Pigiama Café, en el Pasaje Gutiérrez que se podía confundir tranquilamente con un Rothko y cualquiera que  lo conozca seguro que no me tacha de exagerado) condensan historias, situaciones, parajes, momentos que nos trasmiten  su legado. El legado de Fernando Sánchez Calderón.

 

Como dice el antropólogo Marc Augé, muchos de los sitios que frecuentamos hoy día se caracterizan por lo que él  llama “los  no lugares” o “espacios del anonimato”, como estaciones de tren, las autopistas, o los centros comerciales. Frente a esto, el museo, (El Patio Herreriano)  es lo más parecido a un santuario, un rincón de contemplación donde se puede vivir una experiencia espiritual.

 

Posiblemente, la exposición Fernando Sánchez Calderón, sea eso: una experiencia espiritual.