San Mateo, unas fiestas que nadie olvida en Valladolid
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San Mateo, unas fiestas que nadie olvida en Valladolid

Lejos de vínculos religiosas con el santo, la ciudad festejaba el fin de la labranza y la época de vendimia con conciertos en la Plaza Mayor o un vistoso desfile de carrozas
 

Fue en el año 1959 cuando el Pleno del Ayuntamiento de Valladolid acordó que San Mateo se celebrara el tercer domingo del mes de septiembre. La advocación a San Mateo procede del incendio registrado en la ciudad en 1561, que ocasionó importantes desperfectos en capital y que pudo ser sofocado el 21 de septiembre.

 

Las festividades en honor a San Mateo fueron las principales de Valladolid durante décadas, desde que en 1959 el Pleno del Ayuntamiento aprobase su inicio el tercer domingo de septiembre –aunque venía celebrándose sin fecha estable desde hacía décadas- y hasta que en 2001 los festejos se adelantaron casi 20 días y pasaron a ser de la Virgen de San Lorenzo. El motivo, por todos sabido, fue el tiempo, más agradable a principios de mes, como ya reclamó un grupo de comerciantes en 1910 aunque entonces la petición no prosperó.

 

La animada feria que hoy  suele ocupar el Real de la Feria debutó en 1982 con apenas cinco casetas en la plaza del Poniente. Con la representación tan solo de Andalucía, Asturias, Galicia, Navarra y Segovia comenzó la andadura de lo que hoy es una de las más importantes citas gastronómicas de la ciudad. La otra, la Feria de Día, fue una de las últimas incorporaciones en las fiestas de San Mateo, apenas un año antes del cambio a las actuares fiestas de la Virgen de San Lorenzo.

 

Habrá quien aún recuerde que atracciones del Real de la Feria pasaron por el paseo de las Moreras (hasta 1969), la Cañada de Puente Duero y los jardines de la Rubia hasta desembarcar, de forma definitiva en su actual ubicación, el Paraje del Caño Hondo, junto al Estadio José Zorrilla.

 

La Plaza Mayor, siempre escenario de conciertos con algunos de los artistas más importantes del país, también lo fue, antaño, de desfiles de carrozas (durante los años 60 y principios de los 70), de majoretes y de los equilibrios imposibles de los hermanos Bordini. Cientos de vallisoletanos contenían la respiración mientras los intrépidos funambulistas paseaban sobre estrechos cables, uno de los atractivos principales de las fiestas de San Mateo durante años.