Salamanca afronta su agosto más difícil: 2.000 camas de hotel cerradas y los que abren en pérdidas

Hotel de Salamanca que sigue cerrado tras el final del estado de alarma.

El mes turístico y de vacaciones por antonomasia asoma con el 40% de los hoteles sin poder abrir, pocas reservas y malas perspectivas para el futuro.

El mes de agosto, tradicionalmente el más potente del turismo en Salamanca, asoma sombrío este año por culpa del coronavirus. La crisis sanitaria y la reducción de la movilidad han frenado en seco un sector que, en la provincia y la ciudad, iba con un tiro en los últimos años y que ahora afronta un parón sin precedentes históricos que amenaza el futuro de todo un sector.

 

A día de hoy, agosto no va a ser el mes récord que acostumbra en el turismo en Salamanca. En 2019 agosto marcó cifras espectaculares, con más de 135.000 viajeros y 221.000 pernoctaciones en hoteles. Pero no es lo que se puede esperar este año, que apunta a drama. Tras el golpe de marzo y el cero absoluto de abril y mayo, junio supuso el regreso con 6.000 turistas en hoteles: una cifra totalmente insuficiente y que da idea del sufrimiento del sector. Para el mes de agosto, y según fuentes de los establecimientos hoteleros, la capital tiene cerca de la mitad de sus hoteles cerrados: con suerte, la cifra será muy inferior a la del año pasado. Si va muy mal, será un desastre.

 

Según las fuentes consultadas, el 40% de los establecimientos de la capital y entorno no han vuelto a abrir sus puertas y estarán cerrados en agosto. Eso supone que no están disponibles 2.000 de las 4.400 plazas de que dispone el punto más turístico de la provincia, el municipio de Salamanca y su entorno. De las 11.200 plazas de hotel en toda la provincia, solo 2.500 habían abierto en junio. Numerosos establecimientos hoteleros de referencia han decidido que no están en condiciones de abrir de nuevo al público y mantenerse hibernados, en modo Covid, hasta ver qué pasa. Y los que han abierto no lo tienen mejor.

 

En pérdidas seguras

El resto de la planta hotelera que ha dado el paso de abrir lo tiene que hacer respetando las medidas de distancia e higiene y con limitaciones de aforo, pero lo peor es la falta de clientes. Las restricciones para viajar y los miedos instalados en los turistas condicionan por completo su funcionamiento. A día de hoy, y tras una avalancha de cancelaciones, no hay reservas seguras, que se hacen con muy poco margen de tiempo; y la afluencia es escasa, cortado el turismo extranjero y con el nacional también limitado por las precauciones y la competencia feroz de otros destinos.

 

En esta circunstancia, y según responsables de establecimientos hoteleros, los hoteles que hoy están abiertos en Salamanca lo hacen sabiendo que hacerlo son "pérdidas seguras", pese a lo cual han apostado por volver a la actividad y esperar a ver qué pasa.

 

El golpe al empleo es tremendo: de los 1.200 trabajadores habituales del sector hotelero en Salamanca se ha pasado a los 215 que, según el INE, han vuelto al trabajo en junio.