Rojo: Rothko. Gómez y Echanove

Rojo te permite vivir el aquí y el ahora. El espectador no tiene ni pasado ni futuro. Tiene 90 minutos “para lo suyo”. Ha llegado el momento. Ha llegado el momento de posicionarse. De tener una opinión y expresarla.

El afán por contar historias nos acompañará siempre y el impulso por llevarlas a la escena no le va a la zaga. Juan Echanove y Ricardo Gómez intérpretes de Rojo se emplean a fondo durante más de noventa minutos para contarnos la suya. Los espectadores  tienen a su vez que componer también su propio relato. Aquí no se salva nadie.

 

Salió primero Juan Echanove por la puerta lateral del Teatro Calderón. Salía con una sonrisa oceánica de satisfacción.  Sabía que la noche había salido redonda. Todo a pedir de boca. Se hizo fotos, firmó entradas, y preguntaba repetidamente donde se había metido Ricardo Gómez. “Qué salga de una…  vez”. Y salió Ricardo Gómez. No pudo dar ni dos pasos. En el umbral de la puerta se le colgaron al hombro y no le quedó otra que abrir los brazos y hacerse las fotografías de rigor. ¡Qué demonios, se lo estaban pasando estupendamente en Valladolid y había que corresponder!

 

Estuvieron comiendo en el Bar Abstracto, cenando en Villa Paramesa, tomando el aperitivo en El GastroLava, tomando una copa en el Bar Cul de Sac. Tuvieron tiempo para pasear por Valladolid, para saludad a los viandantes y estrechar lazos con el personal de la Fundación Intras y darse una vuelta por el Paseo Central del Campo Grande. Tres días en Pucela dan para mucho.

 

Por la tarde se subieron a las tablas del Teatro Calderón para representar la obra Rojo. Con una sola premisa. Los espectadores tenían que sentir lo que allí estaba pasando. Para sentirlo, primero hay que pensarlo, y para pensarlo había que entenderlo. Echanove y Gómez se dejaron el alma para que esto se produjera. Aquí la culpa era individual. Nada de responsabilizar a los demás. Piensa y disfruta.

 

Rojo te permite vivir el aquí y el ahora. El espectador no tiene ni pasado ni futuro. Tiene 90 minutos “para lo suyo”. Ha llegado el momento. Ha llegado el momento de posicionarse. De tener una opinión y expresarla. Sin atmósfera el teatro no es nada… una luz intensa, prodigiosa revela cada detalle del escenario, suena Bach, da un  brochazo Rothko. Rothko como la mayoría de los genios no soporta la estupidez ni la delicuescencia. Y a veces confunde la inocencia y la bondad con la debilidad.

 

No soporta que le digan continuamente que tengas buen día, que lo pasen bien, que tengas buen fin de semana, felices vacaciones. ¡No lo soporta!