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Roberto Valle, el arquitecto de la emoción

RAFA CRESPO

Winston Churchill que primero damos forma a nuestros edificios y luego ellos nos dan forma a nosotros. Los lugares les hacen habitables sus habitantes que pueblan el espacio con la atmósfera precisa para sentirse a gusto. Ya sabemos que lo mejor de la vida es efímero, pero las construcciones de Roberto Valle parecen eternas.

 

Los tenedores, los peines, las tazas de té y las casas estuvieron en la imaginación de las personas antes de ser reales. Son los arquitectos, en este caso, Roberto Valle, el encargado realizar el viaje de lo imaginado a lo real.

 

El principio, como dejo dicho Laugier fue el techo. Como escribe Anatxu Zabalbeascoa, es el calor lo que hace una casa, su corazón, su razón de existir. Una vez conseguido el habitáculo, su habitante lo que quiere es ser su dueño.

 

En la mayoría de construcciones realizadas por Roberto Valle, sus habitáculos proponen justamente lo contrario. Proponen claramente que el habitante se sienta propietario, como no, pero propietario emocional, un propietario del disfrute sin necesidad de tener que enseñar ningún certificado de propiedad.

 

Piscinas, museos, bares, casas, estaciones, posadas, bodegas, monasterios, residencias, teatros, diseñados como la extensión de su personalidad, de su forma de hacer. Espacios donde las personas pueden ser y pueden a sí mismo disfrutar.

 

Lo que dan vida a las construcciones son las personas. A Roberto Valle sus cuadernos de viaje le delatan. Posiblemente ha sido una de las cosas que más me han gustado de esta exposición. ¿Qué revelan sus cuadernos? Revelan que es un gran amante del silencio. El silencio como antídoto de todos nuestros males. El silencio como asunto prioritario. Techo y silencio.

 

La mayoría de las intervenciones de Valle son funcionales. Funcionales desde el punto de vista de la emoción; siempre transmiten algo. A eso voy. Su trabajo, en definitiva, permite observar el respeto por lo que ha pasado y por lo que va a pasar. También sirve como reflexión, sobre todo, a lo que pasa, hacia donde vamos y reflexionar sobre ello.

 

Tiene para mí una pega esta exposición. De las fotografías colgadas en las paredes no digo nada. Están colgadas a la altura de los ojos, muy bien. Pero, (hay él pero) todas las maquetas están al ras del suelo y tienes la sensación de sobrevolar sobre las construcciones. Y se pierde perspectiva.

 

Patio Herreriano. Roberto Valle. Los recursos del arquitecto. Sala 8. Hasta el 4 de noviembre.