Raquel, el cine y la estética
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Raquel, el cine y la estética

El sol dora las uvas blancas que acaricia el sol. El viento, la tierra y el frío forman los elementos que hacen posible el vino y la arquitectura del rostro. El aire, el agua, el fuego, la memoria y la tradición como autobiografía de nuestro paso por la vida. Raquel Díez es de la añada del 91. Es poliédrica y modela rostros. Los rostros de la SEMINCI.

La palabra acomodarse no la trabaja Raquel Díez. Acomodarse no es bueno. Ella prefiere la curiosidad. Asegura que no hay nada más importante que ser natural. Esa es la manera con la que se acerca a actores y actrices que pasan estos días por la SEMINCI, esa es la manera que tiene de conectar para que se sientan a gusto, para que se sientan tranquilos.

 

Raquel Díez es la dueña del Centro de estética que hay en la Calle La Merced número 4. Cuenta que lo ha tenido claro desde que cursó sus estudios en la Escuela de Arte, en la Calle Leopoldo Cano, aquí en Valladolid. También ha ido aprendiendo su profesión sobre la marcha, como todos, de manera autodidacta. Aprende y enseña, porque también forma a profesionales interesadas en electroporación, maquillaje aerográfico, tintes y uñas esculpidas.

 

El rostro humano es una fuente de inspiración infinita para Raquel. A una persona se le puede definir por el modo en el que va maquillada. Durante una semana maquillar y poner al personal guapo es la misión encomendada a Raquel.

 

Claro que hay bellezas objetivas, incuestionables. Bellezas que hacen dudar aquello que decía que la hermosura está en los ojos del que mira. Un rostro incuestionable, por ejemplo, es Emma Suárez. Le gusta llevar el rostro libre de maquillaje que resalta sus facciones angulosas y ese pelo rubio como secado al aire con el que todos imaginamos en nuestros sueños y ese cuerpo que esconde ese estilo clásico, en algunas ocasiones andrógino. Emma Suárez maquillada por Raquel Díez resulta clásica y natural y salvaje.

 

Eso es lo que hace que el trabajo de RD sea maravilloso, su habilidad para ver y por qué no, sentir la complejidad de cada rostro que pasa por sus pinceles. Saber que una persona antes de ser maquillada es una y que maquillada es otra. Nadie es una única cosa.

 

Un rostro siempre exterioriza rebeldía, felicidad o tristeza, simplicidad o complejidad, pasión, abulia. A veces, dice Raquel, todo a la vez. RD sabe que hay que dar para disfrutar de esta profesión. No es otra su esencia. Ese es el misterio.

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