¿Quién fue el Conde Ansúrez? La historia de 900 años de un legado unido a Valladolid

Estatua del Conde Ansúrez en la Plaza Mayor. GERMÁN PRIETO

Esta es la historia del Conde Ansúrez, desde los primeros pasos de Valladolid hasta su legado en forma de monumentos y edificios.

El Conde Ansúrez no es solo la estatua que se encuentra en el centro de la Plaza Mayor. Al contrario de lo que mucha gente piensa, y en parte por el lugar que la historia se ha empeñado en colocarle, Pedro Ansúrez no fue el poblador de Valladolid. No lo fue porque, sencillamente, Valladolid ya existía de alguna forma entonces y ya estaba poblada, aunque poco, por aquellos vallisoletanos de principio del siglo XI. Exactamente doce campesinos que vivían tan ricamente a orillas del Pisuerga.

 

Lo que sí que hizo Ansúrez y por eso a día de hoy le rendimos homenaje, en primer lugar por los 900 años de su muerte y en segundo por el legado que ha dejado en la ciudad, fue repoblar una pequeña villa y convertirla en una población competitiva y en alza. Pedro Ansúrez otorgó a Valladolid un punto en el mapa, y el primer paso para convertirse en la villa que poco a poco se iría convirtiendo.

 

Aun así, vayamos con una pizca de historia para adentrarnos un poco más en la figura del conde.

 

No se sabe a ciencia cierta cuándo y dónde nació Ansúrez, aunque sí sabemos quién fue su primera esposa. Si alguna vez has pasado por el puente de Condesa Eylo, estás de enhorabuena. A partir de ahora podrás, si no lo sabías, asombrar a tus conocidos afirmando que la tal Condesa Eylo fue la primera mujer del Conde Ansúrez.

 

Y él, que poseía tierras que por entonces eran limítrofes con el Reino de Castilla, decidió recoger el encargo de Alfonso VI, rey de León y también de Castilla, para repoblar la pequeña localidad de Valladolid. Y recibir, nada más y nada menos que, el señorío de Valladolid.

 

El proyecto era ambicioso, pero el Conde Ansúrez era como un promotor inmobiliario de la época. Y que no se me ofendan los puristas de la historia, porque el humor lo inventó un señor hace ya mucho tiempo.

 

 

El Conde Ansúrez ha dejado un gran legado tras su figura en la ciudad. Y comenzaremos la ruta en el centro de la misma, en la majestuosa Plaza Mayor.

 

Allí, en su centro y custodiando la superficie y, de algún modo, observando aquella pequeña aldea que 900 años después se ha convertido en la capital y una de las principales ciudades de España, la estatua del Conde Ansúrez mira, inmóvil, y posiblemente se asombre ante la vertiginosa realidad que conlleva el paso del tiempo.

 

Un tiempo que no siempre fue tan placentero, y unas obras de gestación del monumento que merecerían un capítulo aparte en esta historia. Aunque intentaremos resumirlo lo máximo posible.

 

Se inauguró en el año 1903, en el penúltimo día de aquel año, aunque las reuniones y los planes de construcción se comenzaban a remontar desde el año 1862. Y no sin mucho esfuerzo, con amagos de proyectos e intentos de obras que nunca se terminaban de hacer realidad. El Conde Ansúrez costó más de lo previsto, posiblemente mucho más que los siguientes homenajes.

 

La estatua en la que celebramos muchos de los triunfos del deporte vallisoletano con pañuelos anudados al cuello del conde no es el único homenaje que Valladolid le ha hecho a Ansúrez. Un hotel de mismo nombre se encuentra custodiando también la ciudad. Concretamente una de las entradas a la capital.

 

Y es que de alojamientos va la cosa. Muchos de los universitarios que hoy en día llenan Valladolid tienen su habitación en la residencia Conde Ansúrez, junto a otra de las joyas de la urbe: la iglesia de San Pablo. Y muchos de los que se acercan al Ayuntamiento de la ciudad también pueden observar un retrato con la figura del ilustre.

 

Por último, en nuestra ruta descubriendo los lugares en homenaje a su figura, encontramos una calle en el centro histórico y un hotel que ya no está. El mítico hotel Conde Ansúrez, de imponente edificio blanco que hacía esquina frente a otro histórico que tampoco se encuentra entre nosotros, el cine Roxy, era uno de los principales alojamientos de la ciudad hasta que sucumbió a la modernidad de otros tantos hoteles más grandes y equipados. Lo que algunos llaman el progreso y el desarrollo. 

 

Y aunque este paso del tiempo moldea la ciudad a diario y llena de historias sus calles y plazas, el Conde Ansúrez siempre estará custodiando el rectángulo principal, el centro de una villa que desarrolló en sus primeros pasos. Y decimos siempre, pero ni eso está escrito.