¿Qué es y para qué sirve una comfort letter?

No ha tenido un uso frecuente en el tráfico habitual mercantil, hasta 1985, fecha en la que se asienta doctrinal y jurisprudencialmente, pero sin regulación en nuestro ordenamiento.

De influencia anglosajona, su mayor frecuencia venía dándose en el ámbito financiero y bancario, generalmente en operaciones internacionales.

 

Sus figuras principales son vendedor y comprador, acompañando a los mismos en un protagonismo más atenuado al principio de la operación, el órgano financiero y la entidad bancaria.

 

Los presupuestos de mayor envergadura que suelen recogerse en las Comfort Letters, en adelante C.L. son de carácter de los denominados “fuertes”, es decir, con contenidos inequívocos, sobre todo, de carácter financiero y de solvencia.

 

Su principal pretensión el la de ofrecer a la entidad convocante una especie de manifestación de “reserva de fondos” destinados a la operación que se pretende llevar a cabo, mostrando su más o menos flexibilidad en función de las épocas de bonanza o crisis económicas.

 

Hace años, participé en la constitución de una operación de estas características que se desarrollaba a grandes rasgos de la siguiente forma:

 

1.- Existencia de un sujeto de carácter oficial e internacional (Turquía), que licitaba la construcción de una Planta de Fertilizantes (llave en mano) es decir con puesta en marcha y funcionamiento.

 

2.- Igual existencia de licitadores, procedencia internacional, entre los que se encontraba una firma española.

 

3.- Interés oficial español en financiar con cargo a sus propios fondos, (a título ilustrativo podría tratarse del ICO), y a largo plazo, de un crédito mayoritario en determinadas condiciones para reforzar la oferta española en caso de adjudicación.

 

4.- Finalmente, otra financiación complementaria de la banca privada destinada a cubrir la línea del 100% de financiación exigida por el organismo turco.

 

5.- La adjudicación de dicha construcción a la firma española, constituía requisito indispensable para la concesión de los créditos.

 

Hasta aquí, el Marco-Tipo de este tipo de relaciones que se pretenden recoger mediante “declaraciones de buenas intenciones”, destinadas al buen fin de la operación.

 

Ahora bien, para que resulten efectivos los principios de buena fe, que implica la presencia de los sujetos anteriores, es aquí donde los documentos denominados “C.L”, desarrollan sus funciones principales:

 

6.- Todas y cada una de las partes, requerirán de las otras, una serie actos destinados en lo posible a “convertir en firme” sus declaraciones de intenciones, siempre, bajo el “principio de buena fe”, los efectos obligacionales expresados en las correspondientes “C.L.”.

 

Últimamente, la mayor o menor “adaptabilidad” o “elasticidad” de las C.L. siempre en pro de una determinada adjudicación a las mejores condiciones o exención de responsabilidades, han supuesto siempre “redacciones de tipo vago o ausencia de compromisos firmes”, destinados a la elusión de compromisos que puedan ser interpretados por los Tribunales como firmes o todo lo contrario.

 

A tenor de todo lo anterior, la decisión del Consistorio de Valladolid de contemplar desde diversos ángulos, la situación respecto al contenido de la C.L. “de marras”, ha propiciado que la Audiencia Provincial haya tenido que reordenar las cosas y situarlas en su justo término.