Próxima estación...

Cada mañana el tren te despacha la correspondiente ración de señales con las que te conformas tu particular relato sobre las vidas de los pasajeros del vagón. No de todos.


 

Te detienes en aquellos perfiles que más te llaman la atención por su ropa o peinado, y luego escarbas un poco más. Algunos son 'viejos' conocidos y otros, para tu regocijo, se suman al elenco añadiendo aliciente a un serial que, como los de la tele, tiene principio pero no tiene final. Es una historia abierta y formas parte de ella. Porque, aunque no lo creas, al igual que tú el resto del pasaje confecciona a cada instante su particular guión de las vidas que se cruzan en su camino en esos escasos minutos de trayecto. Todas las mañanas haces las mismas cábalas sobre tus vecinos de asiento. A qué se dedican, si tienen pareja, hijos, cuáles son sus aficiones, de qué equipo de fútbol son hinchas, a quién votan o con qué destino sueñan si su tía 'Primitiva' se les apareciese con un saco de millones.

 

Sin embargo hay señales inequívocas sobre los planes más inmediatos de muchos de ellos y ellas. A menudo estudian, no de manera intensa, en el tren no se puede porque entre las locuciones con las próximas paradas y la traidora vista periférica resulta difícil concentrarse, pero sí da para un repaso somero del esqueleto de algún temario. De las mochilas salen apuntes de bachillerato, universitarios y de oposiciones. Al tren se suben a diario infinidad de aspirantes a un puesto de trabajo fijo, un empleo seguro que les proporcione una estabilidad laboral en el más incierto de los mercados laborales que se recuerda.

 

Hoy en día jóvenes -y no tan jóvenes- tienen interiorizado que el empleo no es para toda la vida, ya no. Hace mucho que se quebró la secuencia convencional, la lógica vital que marcaba la senda para estudiar lo que a uno le gusta y acceder a un puesto de trabajo dentro de una empresa en la que, con el paso de los años, ascender hasta alcanzar una posición mejor y un sueldo mayor. Puede ocurrir, pero es más probable que así sea en Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Gran Bretaña o cualquier otro punto del planeta adonde emigran nuestros jóvenes talentos para echar raíces. Por otro lado están esos muchos a los que, en plena madurez, las crisis dejaron sin empleo abocándolos a empezar de nuevo. Para aquéllos y para éstos ha llegado la hora de deshacer la maleta, encerrarse con los libros y preparar el examen de acceso al funcionariado público.

 

Las oposiciones vuelven a ser la opción más atractiva para la búsqueda de un empleo estable en España. Al menos así lo revelan los números difundidos por el Ministerio de Hacienda a finales de 2016. Las solicitudes se dispararon un 70% respecto a la oferta de empleo público de 2015, con unos 70.000 candidatos para cubrir más de 3.500 plazas en la Administración del Estado (AGE) y en entidades locales. Por un lado se incrementó la cifra de solicitudes y también repuntó el número de vacantes disponibles.

 

Levantada la veda queda hincar codos pero con estrategia, para que el resultado final sea el mejor posible y el esfuerzo, tiempo y dinero invertidos hayan merecido la pena. Conviene tener en cuenta que hay muchos tipos de oposiciones, que pueden convocar los tres niveles de las Administraciones Públicas (Estado, Comunidades Autónomas y entes locales), y que el nivel de dificultad, de media de años de preparación y de nivel de estudios que requieren puede variar mucho de unas a otras.

 

Ante este gran reto, los entendidos en la materia recomiendan no tomárselo a la ligera y hacer un análisis de la situación. Primero en el plano personal, que nos permita estar seguros de lo que vamos a afrontar sopesando aspectos como el tiempo disponible, rutina diaria, obligaciones familiares, trabajo y amigos. Por otra parte, conviene mirar con lupa la situación actual de las oposiciones, si se convocan plazas, qué temarios hay que estudiar, si están actualizados, plazos y requisitos, entre otros factores importantes. Tomada la decisión, hay que ir a por todas y elaborar una planificación anual, mensual y semanal definiendo tareas como resumir temas, estudiarlos, repasarlos y confiar en preparadores de oposiciones que son expertos en el diseño de la programación, las unidades didácticas, el material necesario, realización de las prácticas, lecturas de interés y la preparación de la exposición oral, entre otros cometidos. Los cursos que se imparten en la academia de oposiciones te aportarán no sólo el conocimiento necesario para concurrir con garantías, convertirán a su personal docente en un elemento indispensable de motivación amén de un referente para la evaluación intermedia, para medir los progresos.

 

Entre las plazas más atractivas para nuestros jóvenes destacan las que se convocan para los cuerpos de seguridad del Estado. En Valladolid funciona una academia de oposiciones de policía nacional, donde ya cuentan con toda la información relativa a las plazas 2017. Realizan una preparación específica centrada en las cinco pruebas que en realidad han de pasar los opositores para acceder a la escuela Nacional de Policía de Ávila, y realizar el curso de formación. Especial atención merece el examen físico. A simple vista puede parecer algo que no es necesario preparar y muchos opositores subestiman su importancia. Total, sólo es hacer un pequeño circuito, unas dominadas y correr un kilómetro. Gran error, porque es el test más importante, ya que es el primero de todos y si después de muchos meses esforzándote no las pasas, se acabó la oposición y todo el trabajo para el resto de pruebas no habrá servido para nada. El próximo tren es el tuyo, te lleva a unas oposiciones y a ese empleo con el que consolidar tu proyecto de vida. No lo pierdas.