Pingüinos 2018: hielo y fuego para recuperar la sonrisa motera

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Estar en la campa no se vive, se siente. Solo así se explica como miles de personas deciden pasar la noche al raso con temperaturas bajo cero y con posibilidad de precipitaciones. La compañía, la música, el fuego y las bebidas calientes, los mejores aliados.

Son casi las diez de la noche, y la gente sonríe. Se divierte en la campa de la Hípica Militar. A pesar del frío intenso que ya se hace notar y que anticipa una noche de sábado, 13 de enero, que amenaza con ser heladora, los moteros son felices. ¿Cómo es posible? La magia de Pingüinos.

 

Para quien nunca haya estado allí, la concentración motera huele a hoguera. El humo flota en el ambiente y se mezcla con esa neblina tan característica del invierno castellano. Rugen los motores, tan fuerte como un león. No sabes de qué punto sale ese sonido, melodía celestial para los amantes de las dos ruedas, porque se multiplica a lo largo de las hectáreas de terreno y se mezcla con los himnos del rock: Guns N'Roses o AC/DC versionados durante este viernes 12 por 'Rock&Roll Circus' sobre el escenario de la Plaza Mayor. 

 

Porque Pingüinos ha configurado su propio pueblo, con sus calles, sus bares (con ese caldo caliente que no puede faltar, como tampoco las cervezas, ni los puestos de buen comer), sus zonas de descanso y su plaza principal. Después del peregrinaje por la provincia de Valladolid, y de digerir los problemas legales en la sede de Puente Duero que llevaron a la suspensión y posterior confrontación entre quien fue presidente de Turismoto y su tesorero, la vocación de esta edición de 2018 es la de confirmar su lugar en Valladolid y en el mundo. Y la Hípica parece ser el final del camino, y el principio al mismo tiempo.

 

EL FRÍO, CON FUEGO Y CALDO SE VENCE

 

El termómetro se desploma por momentos. Hay colas en la zona de inscripción, y dentro del recinto algunos trabajan bajo la luz de las linternas para montar su hogar para estos días, La carpas situadas en la Plaza están llenas, es la hora de la cena y el movimiento es intenso en los diferentes puestos de comida. Es cierto que no hay miedo por comer a la intemperie, en las barras que miran al escenario, aunque otros muchos optan por resguardarse del frío en los puestos habilitados. 

 

Fuera de la Plaza, los más prematuros en acampar en este gran 'camping' disfrutan de una amena conversación al calor de la lumbre. Porque si hay algo que discute el protagonismo a las motos, eso es el fuego. No se entendería un Pingüinos sin hogueras, sin leña seca con la que poder crear una fogata. Es un foco de calor fundamental pero también simboliza unión, comunidad, el punto de reunión. Una tienda y una hoguera invitan a disfrutar, a recordar, a relatar anécdotas del grupo y contar historias.

 

Las motos siguen llegando al recinto. Horas y horas continuamente transitando por la carretera de Rueda, esa CL-610 que por cuatro días se ha convertido en territorio motero. A las 12 horas de la noche los Pingüinos no solo inauguran el sábado sino también el año con la celebración de la Nochevieja Pingüinera, un 'clásico' para una concentración que este 2018 cumple sus 35 años diciendo adiós a los problemas del pasado, reuniendo de nuevo a cerca de 30.000 personas de todas las edades, y recuperando esa sonrisa que ni el frío es capaz de borrar.

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