Picasso. Tierra y fuego

RAFA CRESPO

La forma culminante del arte –ya lo dijeron los griegos- es una ilusión perfecta de la realidad. Dicho de manera distinta, se podría llegar a la conclusión de que toda obra artística consiste en eliminar lo visible de la imagen y su prototipo.

 

La belleza de esta exposición está en el origen de la civilización, en la forma en que se ha realizado y en la tradición,  fundamentalmente. Picasso todo lo que toca tiene importancia. Escribe Pierre Daix que Picasso me llevó a un rincón, donde se encontraban unas piezas que había hecho y que salían en ese momento del horno. Me miró y me dijo “Es aquí donde estoy en casa¨.

 

Oscar Wilde afirma en el prólogo a El retrato de Dorian Grey “Revelar el arte y ocultar al artista, tal es el objetivo del arte” Pero claro, ¿si estamos de acuerdo que toda forma artística es una forma de autobiografía, qué hacemos con el autor?

 

Deberíamos aprender a  juzgar a las ciudades por sus museos, auditorios y  teatros,  más que por las primeras (y últimas) páginas de los periódicos o por lo que se dicen “en esa continúa rueda de prensa en que se ha convertido la política en general”.  El proceder, digamos de esta Sala Municipal de la Iglesia de las Francesas sirve para interpretar a Picasso y su cerámica pero también para escuchar de manera abstracta y casi siempre silenciosa la materia y los sueños de lo que están hechas las ciudades donde se vive.

 

Porque Picasso es magnético, original, indeleble, insólito y original. Para Picasso, su ciudad, Málaga fue su paraíso, como para cualquiera de ustedes que leas estas líneas puede ser Valladolid. Ya decía Trapiello que para valorar a Valladolid había que estar un tiempo fuera. Picasso, ahora le vemos con su jersey a rayas, parecía un hombre al que te puedes encontrar en cualquier bar. Un hombre que amaba lo olores de las panaderías y la fruta de la infancia, las naranjas y los higos. Siempre recordó el olor que quedaba en los pupitres después de terminar el colegio. También, dicen, amaban el mar. Maltratado por su ciudad, para variar,  se refugió en Barcelona que le acogió con los brazos abiertos.

 

Dicen, también, que nunca perdió el acento malagueño.

 

El pistolero ha llegado a  la ciudad. Uno de los artistas más grandes de la historia que puso el arte patas arriba estará en Valladolid hasta el 15 de septiembre. ¡A qué esperas!

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