Pedro Osinaga

Se llamaba Pedro Osinaga, como todo el mundo. El mundo del teatro recordará a Pedro Osinaga, con toda justicia, como uno de los actores que más veces ha representado el éxito en el teatro. Un actor de una sola pieza en el que se fundía la modestia con la simpatía que conquistó al público y a sus compañeros de reparto.

Cuentan las crónicas que no quiso abandonar la escena e interrumpir la función de Sé infiel y no mires con quién, ni el día que le llegó la noticia del fallecimiento de su hijo de veinte años en accidente de moto. La obra que le hizo famoso estuvo en cartel a lo largo de 14 años y sumó más de 10.000 representaciones.

 

Entre los engaños que nos han intentado vender está la idea de que lo rutinario es empobrecedor, y que lo hay que hacer es ir a cazar elefantes a Siberia. ¡Ilusos! La vida del hombre se vive en su repetición. Vivimos sometidos al hábito, tareas y obligaciones diarias, cotidianas que nos obligan a conocernos a nosotros mismos.

 

La verdadera aventura de Pedro Osinaga durante más de 14 años fueron los encuentros que tenía con los espectadores. Aquí, en estos encuentros consumió el hábito por la vida. No interrumpió su actividad tampoco tras sufrir durante una representación un ictus que a la postre le apartó de su profesión. Como escribe Diego Galán, fue un actor de múltiples registros pero de una férrea pieza. Porque la rutina nunca es un elemento de resignación, en absoluto. Siempre la he practicado como un elemento de conocimiento.

 

En la repetición está la felicidad, decía el sabio. Otro de los puntos fuertes de Pedro era su ejemplaridad. Su modo de estar en las tablas a lo largo del tiempo ha conformado un patrimonio asumible y cierta forma de comportamiento que hoy tenemos muy malbaratada. Pero, claro, para poder heredar hay que tener capacidad para reconocer que hay algo heredable, o sea valioso en ese pasado, aunque sea muy distinto del presente. Concha Velasco, la gran dama vallisoletana ha llorado estos días como una Magdalena, sabe que ahora Pedro Osinaga, se ha hecho invisible, pero no se ha ausentado. Su estela seguirá iluminando los caminos de los actores del mañana.

Noticias relacionadas