Patricia Guerrero. DISTOPÍA
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Patricia Guerrero. DISTOPÍA

La Sala Concha Velasco (LAVA) se ha convertido esta noche en un espacio para la ensoñación. Esperan al público historias, escenas, cantes, bailes y situaciones que transmite el legado de nuestra especie. Por eso es lo más parecido a un rincón de contemplación donde se puede vivir – a poco que pongas de tu parte- una experiencia espiritual.

 

Gran parte de lo que vemos en el escenario se nos escapa de la consciencia. Aquí radica la magia del DISTOPÍA. Por un lado aparecen sentimientos, experiencias y recuerdos  que se van trasformando a medida que pasa el tiempo y   hay que darles algún sentido. Y por otra, Patricia Guerrero busca en lo más profundo de su ser una forma de enfrentarse al mundo de manera sincera, espontánea, casi derivada del inconsciente.

 

Desde el punto de vista musical el espectador tiene la oportunidad de que esta le llegue al corazón y allí campe a sus anchas. El sonido de  la guitarra, la percusión, el bajo eléctrico, el zapateo y el cante de  Alicia Naranjo  pueden resultar un viaje apasionante y lleno de sorpresas. El público se puede adentrar de manera casi automática en historias que conforman su propia naturaleza  y de todas las historias que el flamenco ha trasmitido hasta hoy.

 

Los sentimientos de Patricia Guerrero los manifiesta a través del lenguaje corporal, es su manera de saber quién es, de llegar a conocerse. Salir al escenario para ella es un reto en sí mismo. La belleza de su baile entra por los ojos del público. La belleza, nos dice PG, es tuya, está alcance de tu mano.   

 

DISTOPÍA dibuja una reinvención constante, como si estuviera grabada en un movimiento perpetuamente inacabado. Su lenguaje está marcado con la palabra “libertad” que va reflejando sus distintas metamorfosis inspirados en los pintores cubistas, porque hace tiempo que se dio cuenta que las fuentes de creación no están en el mundo exterior, hay que buscarlos en mundos paralelos que se esconden en este, a la manera de los pintores surrealistas de donde también  bebe hasta hartarse.    

 

DISTOPÍA  es un espectáculo emotivo, complejo, exigente, incómodo, bello, seductor y excéntrico. Como en  las buenas novelas,  algunas cosas se intuyen, otras se nombran y otras no se dicen porque no tienen explicación. Lo único que hay que hacer es dejarse llevar por el instinto y disfrutar.  

 

Llevábamos más de noventa minutos  y era hora de irse a tomar una caña   antes del toque de queda. ¡Esta gente es incansable!