Pago de Carraovejas combate las heladas tardías con velas en sus viñedos
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Pago de Carraovejas combate las heladas tardías con velas en sus viñedos

En la madrugada del domingo más de un millar de candelas cuidaron de elevar la temperatura para que la uva no sufriera ningún daño debido a las bajas temperaturas. 

La imagen era tan sugerente como sobrecogedora. Más de un millar de velas iluminaban los viñedos de Pago de Carraovejas y Ossian en la madrugada de este domingo, en Peñafiel. No, no se trataba de ninguna performance o de actividad cultural a la luz del fuego. Nada más lejos de la realidad. Estamos ante una efectiva iniciativa para luchar contra la helada que podría arruinar el proceso de brotación de la uva.

 

La llama de la vela calienta el ambiente y evita que el hielo de las primeras y frías noches de mayo pueda dañar la materia prima de un vino reconocido internacionalmente.  “El vino se hace en el viñedo”. Es la máxima de Pedro Ruiz Aragoneses, director general de Pago de Carraovejas. Recuerda el propietario la helada que asoló en 2017 los viñedos de media Europa. “En Carraovejas afectó a más de un 30 por ciento de la producción. En Ossian los daños llegaron hasta el 70 por ciento”.

 

Para evitar este desastre, el grupo cuenta desde 2007 con unos ‘molinos antihelada’, que ocupan unas cinco hectáreas de viñedo. “Un sistema evolucionado de aquellos primitivos molinos que llevaban fuego”. Estos artilugios, que funcionaban en las grandes extensiones de California, tienen su propia tecnología. “Se ubican a doce metros de altitud, que es donde se sitúa la capa térmica, los físicos dicen que por encima de esta altura se sitúa el aire caliente y por debajo, el aire frío. Cuando hay heladas, se forma un efecto helicóptero e invierte la capa térmica para evitar que la helada penetre en el viñedo”.

 

Pero en Carraovejas no cesan de evolucionar y por eso buscaron otros sistemas para combatir cuerpo a cuerpo contra la naturaleza, sobre todo tras la llegada de Ossian, su vino blanco, cuyas uvas se cultivan "en parcelas mucho más pequeñas, de viñas muy viejas y con el molino era muy complicado poder trabajar”, explica Ruiz Aragoneses “En una visita a Borgoña, también a Argentina, vimos este sistema de fuego para prevenir el hielo. Nos gustó mucho y vimos que también era una solución buena y comenzamos el año pasado a trabajar. Es un sistema sostenible, porque al final es vela de parafina con emisión prácticamente cero, y está dando buen resultado”, concreta.

 

Seis estaciones climáticas controlan la viña. Las previsiones meteorológicas predecían que la noche del sábado sería muy fría y en que en las últimas horas de la madrugada se podría alcanzar las temperaturas negativas. Por eso, el equipo de la bodega se puso manos a la obra para prevenir. “La teoría nos dice que hay que ubicar unas doscientas velas por hectárea. Nosotros hemos colocado en una parcela de unas tres hectáreas más de 600 velas y en Ossian, más de 500 velas repartidas en diferentes parcelas”, relata el director general, quien destaca que las candelas estuvieron funcionando aproximadamente tres horas: “Aproximadamente desde las cinco de la madrugada, momento en el que las previsiones eran más frías, hasta las ocho de la mañana donde ya había amanecido y la temperatura subió”.

 

Finalmente, el mercurio no alcanzó las temperaturas negativas, pero la prevención es la mejor de las medicinas. Las diez personas, distribuidas en dos equipos, comenzaron el trabajo durante la tarde, donde se colocaron los dispositivos, “en una tarea que nos llevó unas tres horas”. “Luego el encendido se prolonga por tiempo de una hora y el apagado ya se tarda menos, como unos veinte minutos”.  Incluso el proceso cuenta con un coordinador o ‘Jefe de la Helada’, que en Pago de Carraovejas es Elena Rivilla y en Ossian, Javier Blasco.

 

Dice Pedro Ruiz Aragoneses que por debajo de cero grados la hoja puede comenzar a dañarse y que cuando las temperaturas superan los -3º o -4º los daños pueden ser considerables. “No solo influye la temperatura, sino el grado e humedad, el viento y el tiempo, de la helada. Lógicamente no es lo mismo alcanzar un pico de quince o veinte minutos que exponer estas temperaturas a tres o cuatro horas”.

 

Si peligrosas son las heladas en el mes de mayo, cuando el futo está brotando, devastadoras pueden ser las primeras heladas del otoño, cuando la uva está en plena maduración o ya durante la vendimia, que puedan dar al traste con gran parte de la producción. Un hecho que para el grupo de Carraovejas, que tiene una demanda que dobla su elaboración: “no solo significa un problema de facturación, sino no poder atender las peticiones de nuestros clientes”.

 

LAS BODEGAS Y SUS VINOS

 

Reitera el director general de Carraovejas que la materia prima es el secreto de sus caldos. Por eso sus uvas están prácticamente entre algodones y se mima el producto: “El vino se hace en el viñedo y lo que seas capaz de cuidar en la tierra y no estropear en la bodega será la clave del productor final”.

 

La bodega de Pago de Carraovejas cuenta con una finca de 200 hectáreas de viñedo con tres variedades principales: Tinto Fino, Cabernet Sauvignon y Merlot y tres sistemas de cultivo, Doble Cordón Royat, Vaso Vertical en la famosa Cuesta de las Liebres y Terrazas para la zona de montaña. Cada año salen 800.000 botellas de Cuesta de las Liebres, el Anejón y, por supuesto, Pago de Carraovejas .

 

Por su parte, Ossian cuenta con una finca de 118 hectáreas, de las que 65 corresponden al viñedo. En su bodega maduran cada año una producción cercana a las 200.000 botellas de vinos blancos como Capitel, Ossian, Quintaluna, Verdling Dulce y Verdling Trocken.