Pablo Carbonell: "Me dicen con una sonrisa de oreja a oreja que les he hecho llorar"

El polifacético artista llega al Teatro Carrión de Valladolid este 1 de septiembre con 'El Mundo de la Tarántula', donde repasa su vida en una obra en la que, a pesar de estar solo, habla con mucha gente. TRIBUNA habla con él sobre su actuación, y también sobre los límites del humor, política y bullying.

Pablo Carbonell llega a Valladolid. Y lo hace con 'El Mundo de la Tarántula', una obra en la que repasa su vida, cargada de momentos duros, críticos, y otros muy felices. Es por eso que el polifacético artista, que ha sido humorista, cantante o reportero del Caiga Quien Caiga entre otros, trae a las tablas del Teatro Carrión una representación de "teatro real, vivencias, un tipo de teatro que se está desarrollando mucho últimamente: Al Pacino, Myke Tyson y aquí en España Gabino Diego".

 

Lo explica el propio Carbonell, con quien TRIBUNA ha charlado de teatro, pero también de literatura (la obra está basada en su propio libro homónimo), humor, política y acoso escolar. Todo en una conversación donde el actor ha revelado que le gusta practicar nudismo, porque "es muy liberador", y también que Kiko Veneno, el músico, ha salido desnudo a la calle -"le gustará que cuente esto"-.

 

 

TRIBUNA: ¿Qué se va a encontrar el espectador de 'El Mundo de la Tarántula'?

PABLO CARBONELL: He juntado las anécdotas del mundo de la farándula que más interés pueden tener en el público. Un recorrido por mi propia vida que me ha costado un poco de pudor contar.

 

T: ¿Habrá risas o lágrimas?

PC: Me gusta que me digan, sonriendo, que les he hecho llorar. Me lo dicen con una sonrisa de oreja a oreja. Hay momentos de risa y otros de abismo. Pero la vida es así. A mí me sucede que cuando leo una autobiografía me comparo conmigo mismo, y es fabuloso cuando la gente me dice que en mi biografía leen su propia vida. Otra gente me ha dicho que le han dado ganas de salir a la calle en pelotas.

 

T: Es una propuesta muy personal, tu solo ante el peligro en el escenario.

PC: Quería haber estado acompañado por músico, pero el productor entendió que uno de los grandes valores de la función era que saliera yo solito, que no pudiese mirar a un compañero. Sales al escenario y no quitas la atención al público. De todas formas, hablo con evocaciones mías, cambiando de sitio, de voces, pensando que hablo por teléfono, con un psicólogo... Cuando acaba la función siento que me ha pasado por encima un tren, pero eso me pasa solo cuando me siento después.

 

T: ¿Cuál ha sido el mayor reto vital al que te has enfrentado?

PC: (Piensa) Cada día es un reto. Quizá el mayor es acostumbrarse a que en esta profesión todos los días hay que resucitar. Cuando se acaban los aplausos vuelven la angustias de, ¿volveré a provocarlos? La competitividad contigo misma.

 

T: Eres polifacético y dices que también inmortal. ¿Cuál es el secreto de la eterna juventud?

PC: Analizo mi obra y digo… lo que hago es muy especial. Puedo hacerlo porque me considero inmortal. He juntado en el libro, y no en la función, la cantidad de veces que he estado a punto de matarme. Claro, he necesitado tener la sensación de estar designado por dios por alguna extraña razón para realizar una labor que no tengo muy clara que es. Te lo dice una persona que aunque siento la espiritualidad no soy creyente.

 

T: ¿Dónde están los límites del humor?

PC: Cada día la gente tiene la piel más sensible. Yo respetaría siempre las creencias de la gente, aunque no las comparta. Digamos que en el humor, respetar los credos, podría ser la línea roja. Mi familia era muy creyente y a mi me han respetado, por lo que yo también respeto.

 

T: Fuiste reportero de Caiga Quien Caiga. ¿A los políticos nos los tenemos que tomar a risa?

PC: En aquel entonces decían que España iba bien... hacia el precipicio. Mis pretensiones eran provocar la carcajada en ellos. Pero ahora a los políticos hay que hacerlos más sensibles, viven en un mundo paralelo.

 

T: Como escritor que también eres, danos alguna recomendación literaria.

PC: A mi me gusta mucho Benito Pérez Galdós. También Felipe Benítez Reyes, gran poeta. Galdós es muchísimo más preciso y tiene un humanismo bastante más cultivado que el mío, a parte de que su prosa es fabulosa. Yo he escrito un libro que, por raro que suene, no tiene literartura. No busca una descripción minuciosa, es casi un libro hablado.

 

T: ¿Cómo fue el proceso para adaptar el libro al teatro?

PC: Nuestra principal dificultad ha sido provocar que las cosas que iba a contar, me pasaran. Que tuviera conversaciones con gente que me invento, que no fuese un monólogo sino una función.

 

T: ¿Conoces Valladolid?

PC: Sí, he actuado más veces. De hecho en el libro cuento una anécdota sobre Valladolid: actuábamos 'Los Toreros Muertos' -grupo musical del que forma parte- pero como estábamos medio vetados por los 40 Principales, no nos anunciaron.

 

T: Cuentas que en el colegio sufriste buylling. ¿Qué consejo puedes dar a padres, alumnos o profesores para poner freno a los abusos?

PC: Mi madre me pidió que diese un guantazo al próximo que me tocara. Me lo pidió ella, la respeto mucho, y lo hice así. La verdad es que me funcionó, mejoró bastante la situación. Pero lo que lo mejoró del todo fue ponerme a cantar, a partir de ahí me respetaron. El que practica buylling es el débil.